Relaciones perniciosas en la expansión de la acuicultura y la destrucción de los humedales en Venezuela (parte 1)

En este análisis especial para el OEP, el investigador Douglas Rodríguez-Olarte realiza un análisis sobre la relación existente entre la expansión de la acuicultura y la destrucción de los humedales en Venezuela. En esta primera entrega son de interés las planicies costeras del Lago de Maracaibo.

Febrero nos recordó la firma de un convenio para la conservación de los humedales en la ciudad de Ramsar y también el Día Mundial de los Humedales. Y es que estos ecosistemas son extraordinarios, tanto por ser hábitat y refugio de una elevada diversidad biológica, como por ofrecer diversas contribuciones naturales (servicios ecosistémicos), expresadas por la regulación, purificación y abastecimiento de agua, la protección de litorales y por la disponibilidad de alimentos acuáticos y terrestres, por ejemplo. Todos estos atributos confluyen en las extensas riberas del Lago de Maracaibo, donde aún se entretejen estuarios y deltas, lagunas y ciénagas, manglares y espesas selvas ribereñas. 

Pero el Lago de Maracaibo está en ruta hacia el colapso por la persistencia e intensidad de variados estresores ambientales, donde puntean la explotación petrolera, la deforestación y los efluentes urbanos y agrícolas. Las perturbaciones sobre el litoral lacustre y las planicies ocurren en tal intensidad y combinación que es difícil monitorear su variación espacial y temporal, menos aún inferir sobre la pérdida de la biodiversidad y la integridad ecológica. Entre los estresores destaca la acuicultura y sus extensos complejos lagunares o piscinas camaroneras, pero describir y cuantificar su expansión puede ser arduo, tanto por los registros escasos o inaccesibles, como por los azarosos años de la pandemia; pero hay señales que atestiguan parte de esos cambios: son signos celestes que descienden digitales e irrefutables, signos que ni la más opaca gerencia puede ocultar ni obviar. Con ellos podemos inferir sobre la evolución de los impactos de este agronegocio: ¿Cómo ha sido la relación histórica entre la expansión acuícola y la pérdida de los humedales en el litoral del lago?, incluso podemos ser temerarios ¿Cómo fue esa relación en los años de confinamiento forzado por la pandemia global? Aquí presentamos algunas evidencias.

Ver también: Áreas protegidas en Venezuela: un historial de impactos (parte 1)

1. Sobre humedales lacustres, granjas e impactos

La cuenca binacional de Maracaibo (89.500 km2) contiene un lago (estuario) de unos 13.200 km2 y 728 km de litorales. Este se comunica con el Golfo de Venezuela mediante el Estrecho de Maracaibo. En las planicies litorales del lago persisten humedales variados (lagunas, ciénagas), manglares, relictos de selvas ribereñas y desembocan cerca de 30 ríos, algunos con grandes caudales (ej. Catatumbo: ~700 m3/s) y todos con cursos, aguas y biotas en depauperación. A la elevada biodiversidad y productividad de esos humedales se corresponden antiguas e impunes perturbaciones que se han detenido -parcialmente y por ahora- en las áreas protegidas, pero fuera de estas los humedales están en camino del colapso y desaparición por la acción de poderosos estresores ambientales.

Con más de un siglo de explotación masiva de petróleo y gas, hoy existen más de diez mil pozos en el lago y sus planicies, hay miles de kilómetros de tuberías y oleoductos, muchas estaciones de flujo y varias refinerías. Los impactos asociados con estas cifras descomunales son bien reseñados en trabajos especiales y reportes del Observatorio de Ecología Política (por ejemplo, ver aquí). Las ciudades y conurbaciones litorales, incluyendo las agroindustrias, no cuentan con sistemas adecuados de alcantarillado, conducción y tratamiento de aguas residuales. Entonces, los efluentes y desechos, combinados con ingentes cantidades de fertilizantes y biocidas derivados desde las tierras elevadas, son diseminados en cultivares (ej. plátanos, palma africana, pastos), lagunas y ríos para finalmente llegar al lago. Lo anterior explica en gran medida el crecimiento descontrolado de plantas flotantes (ej. Lemna) (Figura 1) y la eutrofización que se extiende por miles de kilómetros, lo que ha dificultado la penetración de la luz en las aguas y propiciado la persistencia de condiciones anóxicas que afectan las redes tróficas y la productividad acuática, además de limitar la navegación y la explotación pesquera (Barrios et al. 2018).

Figura 1. Dos momentos en el Lago de Maracaibo (2004-2021), en ambos la cobertura de plantas acuáticas circula y cubre gran parte del lago. Al sur se revela la pluma del río Catatumbo, cargada de sedimentos y nutrientes. Tomado de earthobservatory.nasa.gov/.

En medio de ese fatal entramado sobresalen las granjas camaroneras. Estas son un agronegocio dinámico e importante en las riberas del lago. Con más del 90% de la producción nacional, esta agroindustria prevé perfilar a Venezuela entre los países con mayor producción de Sudamérica y donde ya tiene puertos seguros en Europa y Norteamérica (Finanzas Digital 2022). Mientras tanto, los reportes sugieren que las granjas camaroneras tienen una asociación causal con varios impactos en el lago y sus planicies litorales, destacando la destrucción de manglares y otras comunidades relictuales, la transformación de estuarios y cauces, la contaminación por efluentes cargados de sedimentos y patógenos, y acaso la introducción de especies exóticas, como el camarón tigre (Penaeus monodon), entre otros (ver, por ejemplo: Corona-Lisboa 2013, Rincón 2017, Morán et al. 2020). Durante este siglo poco se conoce sobre la expansión de estas superficies acuícolas en el Lago de Maracaibo, incluyendo sus magnitudes y variación, incluyendo los impactos sobre los ecosistemas acuáticos y sus biotas. Entonces, nos propusimos hacer un ejercicio espacio-temporal para reconocer la variación histórica de las coberturas de las lagunas acuícolas (espejos de agua en granjas camaroneras), de ahora en adelante llamados polígonos, y coberturas naturales, principalmente humedales (estuarios, manglares, ciénagas, lagunas, etc.).

¿Qué hicimos? Escogimos e inspeccionamos capas e imágenes satelitales provenientes de fuentes variadas, principalmente EOSDIS Nasa, Planet LABS PBC, Google Earth Pro y Global Surface Water Explorer; en este último reseñamos la variación en la cobertura de agua según el color: el negro representa áreas con agua permanente, como el lago de Maracaibo, el rojo las áreas con reducción de las superficies acuáticas (ej. desecación de humedales) y el verde las áreas o aumento de las mismas (ej. polígonos acuícolas). Comparamos la variación de las coberturas en los años 2000, 2010, 2020 y 2022. Fueron estimaciones gruesas, con base en perímetros y áreas de los polígonos y su entorno, al igual que con las coberturas naturales asociadas. Las estimaciones temporales cargan sesgos variados por la exuberancia vegetal y rápidas sucesiones secundarias, la cuadriculación periódica de los predios, cambios de rubros, abandono de tierras, extensión de los humedales en diferentes momentos y, desde luego, la disposición de imágenes según tiempos, coberturas y resolución.
Ver también: Áreas protegidas en Venezuela: un historial de impactos (parte 2)

2. A grandes impactos grandes pérdidas

Reconocimos cerca de 40 conjuntos que agrupan cientos de polígonos. Estos se agruparon alrededor de unas 30 desembocaduras fluviales, incluyendo lagunas y ciénagas. En este reporte señalaremos los casos más relevantes, pero los registros estarán disponibles en un repositorio. Al norte de la costa oriental los polígonos se agruparon en los tramos finales y canalizados de Río Viejo y Machango. Sólo en Río Viejo los polígonos pasaron de 143 ha en el 2000 a 1.949 ha en el 2020; esto es, multiplicaron su área cerca de 14 veces en 20 años, mientras que entre los ríos Machango y Misoa el historial muestra que los polígonos pasaron de 910 a 1.642 ha entre el 2000 y 2020, pero en el 2022 el área acuícola fue de 3.906 ha (Figura 2). Veamos esto con atención: en sólo dos años se destruyeron alrededor de 2.200 ha de planicies, cauces, lagunas y selvas para dar paso a conjuntos de lagunas, diques e instalaciones acuícolas; todo en el tiempo récord de unas 3 ha/día. Tamaña intervención se concentró en los dos años más aciagos de este siglo, cuando la humanidad estuvo resguardada frente a la pandemia de la covid-19; cuando -al parecer- en Venezuela el confinamiento sería tan severo que sólo los salvoconductos consentirían los viajes terrestres (ni pensar en vuelos), cuando se paralizaron (aún más) las agroindustrias, universidades y escuelas. La distopía se abrió camino. 

Figura 2. Costa oriental al norte del Lago de Maracaibo, entre los ríos Machango y Misoa. Se evidencian los cambios en la presencia y superficie de polígonos en los años 2020 y 2022. Nótese en el recuadro inferior el registro de puntos de calor (probablemente incendios) detectados en 2022. Imágenes modificadas de Planet Labs PBC y EOSDIS Nasa (2022).

En medio de esta vorágine, las ciénagas de Ancón y El Coquito, entre Río Viejo y Machango, se han reducido aún más y están más asediadas. Por tierra quedan unas 350 ha de manglares relictuales que reciben efluentes agrícolas y derrames de petróleo. Uno de esos derrames está en las planicies y desde el 2020 se extiende sin parar (Figura 3). Ahí todo parece inundado y arrasado, incluyendo pozos petroleros, fincas, cultivos y, por supuesto, humedales y selvas. El área es drenada por canales que van directamente al lago. Hoy, este derrame cubre por lo menos 250 ha, peligrosamente cerca de la ciudad de Bachaquero (~50.000 habitantes) Bueno ¿Qué más podría ocurrir?

Figura 3. Registro del derrame petrolero en las planicies de la costa oriental, al sur de Río Viejo. La secuencia demuestra la dispersión sobre los campos petroleros, cultivos y viviendas, así como su ingreso en el lago, donde también se detectan otros derrames.

Por el sur de la costa oriental, entre San Timoteo y la desembocadura del río Chama, las cuentas son así: en el 2000 un poco más de 560 ha estaban ocupadas por los polígonos acuícolas, esa superficie pasó a 3.634 (2010) y luego a 7.049 (2020), sin más incrementos posteriormente. Aquí los polígonos son pequeños individualmente, pero en conjuntos numerosos, estos se dispersan por las planicies cenagosas, originalmente cubiertas por selvas pantanosas, reducidas ahora a pequeños relictos secundarios en medio de una activa matriz agrícola. Todas las desembocaduras y humedales litorales han sido transformados. Tomoporo, Motatán, Arapuecito, Torondoy, Tucaní, Trujillo, Chimono, y hasta Mucujepe, entre muchos otros, nunca más serán lo poco que ya eran, tampoco sus faunas acuáticas y sus modos y medios de vida ancestrales.

En la costa occidental del lago, entre el Parque Nacional Ciénagas de Juan Manuel y La Ensenada, hay multitud de conjuntos de polígonos acuícolas, siempre asociados con los ríos (ej. San Ignacio, Potrerito, El Cristo, Palmar y La Ceiba), la ciénaga Don Alonso y la Laguna Bernal (Figura 4). Los cambios son notables: dos conjuntos de polígonos (206 ha) fueron detectados en el 2000 y diez en el 2010 (6.111 ha), mientras que en el 2020 la superficie alcanzó 8.525 ha. En 20 años estas superficies acuícolas se multiplicaron unas 30 veces. Esto no queda ahí: en el 2022 el área de 11 polígonos alcanzó 12.944 ha; así, en dos años la expansión de los polígonos fue de 4.419 ha. En términos del común: unos 7, 5 campos de fútbol por día. La mayoría de estos polígonos se concentran, bordean y drenan hacia la Ciénaga de Don Alonso y la Laguna Bernal, humedales de importancia y donde se han reducido ampliamente las coberturas de manglares y ecotonos; además, estos humedales reciben efluentes y desechos agrícolas. Su estado ecológico está comprometido de manera irreversible. 


Figura 4. Costa occidental (norte) del Lago de Maracaibo, al sur del Río Palmar, mostrando cambios espaciales y temporales en la presencia y superficie de polígonos. Arriba: secuencia decadal y coberturas de agua en 2020. Abajo: cambios en los años 2020 y 2022. Nótese el parche de vegetación (línea verde) son unas 120 ha de selvas que desaparecen en 2022 ¿Puede ubicarlo en la siguiente imagen? Imágenes modificadas de Planet Labs PBC (2022).

3. ¿A qué costo? 

Desde el año 2000 la expansión de la agroindustria acuícola ha engullido grandes extensiones de terrenos litorales del lago de Maracaibo. En 20 años se transformaron 17.344 hectáreas (~2,4 ha/día) y luego otras 6.683 ha entre 2020-2022 (~9 ha/día). El incremento ha sido rápido y multiplicado (Figura 5). ¿Qué había en esas 24.000 ha de planicies costeras antes de su destrucción? Aun cuando una fracción de estas tierras ha sido intervenida previamente (deforestación, matriz agrícola, pozos petroleros), una extensa superficie, aún no determinada, correspondió a franjas de manglares y parches de selvas secundarias entremezclados con ríos, lagunas y ciénagas. Las relaciones entre la expansión de las acuiculturas y la consecuente retracción de los ecosistemas son innegables y reportadas ampliamente a lo largo del planeta (ej. de Lacerda et al. 2021). 

Figura 5. Expansión y acumulación de las superficies de polígonos acuícolas en diferentes sectores de las planicies litorales del Lago de Maracaibo en este siglo. Claves: costa oriental norte, costa oriental sur, costa occidental. Magnitudes en hectáreas (ha).

La flora y fauna de esas planicies está bajo amenaza por la destrucción de hábitats y ecosistemas, acorde con los reportes de los libros rojos para Venezuela (Huérfano et al. 2020, Rodríguez et al. 2010, 2011, 2015). Ahí sobreviven especies de interés, como Albizia niopoides (Fabaceae), un árbol de tierras bajas, maderable y en categoría Vulnerable. También hay faunas dependientes de los humedales para completar sus ciclos de migración, reproducción y crecimiento, como los peces, siendo emblemáticos el Pámpano (Mylossoma acanthogaster), la Manamana (Potamorhina laticeps) y el Bocachico (Prochilodus reticulatus), todos endémicos, todos perseguidos por su carne y todos en categoría Vulnerable. Se cuentan el Chicagüire (Chauna chavaria. Vulnerable), un ave de gran tamaño y asidua de los humedales, así como el elusivo manatí (Trichechus manatus. En Peligro Crítico). La magnitud de las pérdidas en la diversidad biológica regional es desconocida, pero sin duda cuantiosa y permanente, más aún al considerar las contribuciones de la naturaleza que se han desvanecido.

No olvidar: entre los estresores ambientales reconocidos como agentes de cambio en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas acuáticos destacan: 1) la deforestación de cuencas altas y zonas de ribera, 2) las prácticas agrícolas que generan residuos y favorecen la erosión de los suelos, 3) la minería que destruye las coberturas naturales, 4) la transformación de cursos fluviales, lagunas y ciénagas para la construcción de presas, canalizaciones y polígonos acuícolas, 5) la extracción de agua de los ríos y pozos profundos y 6) la introducción de especies. Entre muchas más…

La pandemia de covid-19 causó estragos económicos y una recesión global asociada en gran parte con la paralización de las unidades de producción agrícola y las restricciones para la comercialización de alimentos, como ocurrió en India e Irán con la producción y exportación de camarones, con el añadido de sus crisis económicas particulares (Pazir et al. 2022). Sin embargo, en algunos países este agronegocio demostró lo contrario: en Ecuador la exportación de camarones estuvo siempre en aumento y rompió records: 645 mil toneladas en el 2019, 698 mil (2020), 848 mil (2021) y 1060 mil toneladas en el 2022 (CNA 2022). En Venezuela, a pesar de la preexistente y devastadora crisis socioeconómica, la camaronicultura se expandió rápida y extensamente durante la pandemia. Los datos ofrecidos por la gerencia de la Asociación de Productores de Camarones de Occidente (Asoproca), por ejemplo, indican en 2021 una producción de 35.540 toneladas, muy superior a años anteriores, con un incremento de 30,1% para el 2022 y la previsión de 50 mil toneladas en años siguientes (Finanzas Digital 2022). 

Acaso ese aumento considerable de la producción es respuesta a su muy reciente y enorme expansión territorial y a que los tonelajes previstos pueden ser el preámbulo cortoplacista para continuar con la terrofagia de más planicies y humedales. Siguiendo ese escenario se prevé que continúe la conversión a gran escala de los manglares, ríos y lagunas, que aumente la demanda de agua en detrimento de otros sistemas agrícolas y que los impactos se diversifiquen e incrementen, todo en combinación con los otros estresores ambientales que ya asolan las planicies lacustres. Mientras tanto, partiendo de estas limitadas apreciaciones basadas en sensores remotos, es prioritario evaluar el estado ecológico de las planicies y humedales en las planicies del Lago de Maracaibo, incluyendo el estatus de sus habitats y poblaciones indicadoras, los modos y medios de vida asociados, y la clasificación de sus estados de conservación y prioridad para su restauración. Ahí es donde empieza la conservación.

Referencias 

Este reporte divulgativo corresponde a resultados parciales de proyectos CDCHT (574-FAG-2012, 1209-RAG-2022). Por el procesamiento preliminar de datos e información agradecemos a Sarmiento, A., Hernández, J., Pérez, L., García, R. y Rodríguez, S. Los contenidos han sido sustentados en parte por los siguientes documentos:

Barrios, M., Rodríguez-Olarte, D., & Rodríguez, B. 2018. Los ríos en riesgo en la costa oriental del Lago de Maracaibo. Capítulo 2 (pp. 36-46). En: Rodríguez-Olarte, D. (Editor). Ríos en riesgo de Venezuela. Volumen 2. Colección Recursos hidrobiológicos de Venezuela. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA). Barquisimeto, Lara. Venezuela.

CNA. 2022. Camarón – Reporte de Exportaciones Ecuatorianas Totales. Cámara Nacional de Acuicultura – Ecuador. https://www.cna-ecuador.com/estadisticas/

Corona-Lisboa, J. L. 2013. Contaminación antropogénica en el lago de Maracaibo, Venezuela. Biocenosis, 27(1-2).

Finanzas Digital. 2022. Producción nacional de camarón creció más de 30% entre 2021 y 2022. https://finanzasdigital.com/2022/11/

de Lacerda, L. D., Ward, R. D., Godoy, M. D. P., de Andrade Meireles, A. J., Borges, R., & Ferreira, A. C. 2021. 20-years cumulative impact from shrimp farming on mangroves of Northeast Brazil. Frontiers in Forests and Global Change, 4, 653096.

Huérfano, A., I. Fedón & J. Mostacero (eds.) 2020. Libro Rojo de la flora venezolana. Segunda edición. Instituto Experimental Jardín Botánico, Universidad Central de Venezuela, Caracas, Venezuela.

Medina, E., & Barboza, F. 2006. Lagunas costeras del lago de Maracaibo: distribución, estatus y perspectivas de conservación. Ecotrópicos, 19(2), 128-139.

Morán, L., Rincón, J. E., Sibira, L., Ortega, M. G., & Barrios-Garrido, H. 2020. Nuevos registros del camarón tigre Penaeus monodon Fabricius, 1798 (Decapoda: Penaeidae) en el Sistema del Lago de Maracaibo, Venezuela. Ecotrópicos, 32.

Pazir, M. K., Ahmadi, A., & Khezri, P. H. 2022. The effect of COVID-19 pandemic on the shrimp industry of Iran. Marine Policy, 136, 104900.

Pekel, J. F., Cottam, A., Gorelick, N., & Belward, A. S. 2016. High-resolution mapping of global surface water and its long-term changes. Nature, 540(7633), 418-422.

Pérez, L. 2022. Revisión sistemática de los impactos ambientales sobre los tributarios en la cuenca del Lago de Maracaibo. Trabajo especial de grado. Agronomía. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA). Barquisimeto, Lara. Venezuela.

Rincón J. 2017. Los ríos en la vertiente occidental del Lago de Maracaibo. Capítulo 1 (pp. 15–28). En: Rodríguez-Olarte D (Ed.) Ríos en riesgo de Venezuela. Volumen 1., Colección Recursos hidrobiológicos de Venezuela. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), Barquisimeto, Lara. Venezuela.

Rodríguez, J. P., García-Rawlins, A. & Rojas-Suárez, F. 2015. Libro Rojo de la Fauna Venezolana. Provita y Fundación Empresas Polar. Caracas, Venezuela.

Rodríguez, J. P.; Rojas, F. & Giraldo, D. 2010. Libro rojo de los ecosistemas terrestres de Venezuela. 1a ed. Provita, Shell Venezuela, Lenovo (Venezuela).

Rodríguez-Olarte, D., Araujo, A., Bianchi, G., et al. 2019. Los ríos en riesgo de Venezuela y la ruta para su conservación. Ecotrópicos. 31:1-8. e0008

Sarmiento, A. 2022. La expansión de la acuicultura en la cuenca del lago de Maracaibo y su relación con el estado de conservación de sus ríos. Trabajo especial de grado. Agronomía. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA). Barquisimeto, Lara. Venezuela.

Autor

Douglas Rodríguez Olarte

Colección Regional de Peces. Museo de Ciencias Naturales. Decanato de Agronomía. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, UCLA. Barquisimeto, estado Lara, Venezuela. Accesos: [email protected]; [email protected]

Ver todos los artículos de Douglas Rodríguez Olarte

Compartir

Categorías

Etiquetas

Áreas de trabajo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *