Tras analizar la Ley de Protección de la Fauna Doméstica vigente e identificar oportunidades de mejora, resulta valioso revisar las propuestas que hoy nutren el debate público. Especialmente desde octubre de 2025, tras diversas movilizaciones en Caracas, ha cobrado fuerza la solicitud de una «Ley Penal Animal». Si bien es fundamental celebrar cualquier iniciativa ciudadana que exhorte a las instituciones a visibilizar temas tradicionalmente relegados, es pertinente reflexionar sobre el enfoque discursivo que predomina en estas exigencias.
El auge del enfoque punitivo
Al observar la comunicación de organizaciones como Planeta Animal Rescue y el Bloque Unido de Defensa Animal de Venezuela, se percibe una marcada prioridad por la criminalización y el endurecimiento de las penas. Esta visión, compartida en ciertos boletines de la Asociación Pro-Defensa de los Animales (APROA), sugiere que la solución al maltrato reside principalmente en la severidad del castigo penal y el aumento de las multas.
Sin embargo, este enfoque estrictamente punitivo contrasta con las tendencias más actuales de la doctrina jurídica. El derecho penal moderno ha ido desplazando el énfasis desde el castigo hacia conceptos como la justicia restaurativa, la prevención y la reinserción.
Referencias para un debate constructivo
Autores de referencia, como Eugenio Zaffaroni, plantean que el derecho penal no debe ser solo un instrumento de castigo, sino un mecanismo para contener el poder del Estado y garantizar un equilibrio social. Asimismo, expertos como John Braithwaite promueven la justicia restaurativa como una vía más eficaz para sanar el tejido social. En nuestro contexto local, contamos con los aportes de Isabel de los Ríos, quien ha explorado medidas alternativas en el derecho ambiental que superan la visión penal tradicional.
Basar el cumplimiento de la ley únicamente en la promesa del castigo es lo que en círculos académicos se denomina «populismo judicial». Esta visión suele priorizar la reacción frente al síntoma antes que la transformación de las condiciones sociales que originan el problema.
Hacia el reconocimiento de la sintiencia
La construcción de un sistema legal efectivo para la protección de los animales debería cimentarse, ante todo, en el reconocimiento de su sintiencia. Este hecho científico, una vez integrado plenamente en nuestra legislación, permitiría que los animales dejen de ser considerados meros «objetos» o patrimonio económico para ser reconocidos como sujetos de derechos.
El castigo, como elemento disuasorio, tiene un alcance limitado si no se transforma la raíz cultural del problema. Mientras el animal sea percibido como una propiedad, la empatía hacia su bienestar será secundaria. En cambio, otorgarles personalidad jurídica fomentaría un cambio de paradigma: pasaríamos de ser «dueños» a ser cuidadores y tutores responsables.
Priorizar la prevención y la educación
El desafío actual consiste en sensibilizar a la sociedad sobre la dignidad intrínseca de toda forma de vida. Este cambio de mentalidad no debe emanar del miedo a la sanción, sino del respeto profundo por la vida. Para lograrlo, no basta con reformar leyes; es imperativo diseñar políticas públicas que incluyan:
- Formación y educación ciudadana sobre bienestar animal.
- Fortalecimiento institucional para crear instancias de atención y cuidado real.
- Capacitación constante de los funcionarios públicos y cuerpos de seguridad.
En un Estado democrático, la pena debe ser siempre el último recurso. La prioridad debe ser evitar que el daño ocurra. A fin de cuentas, la sanción llega cuando el maltrato ya se ha consumado; la educación, en cambio, tiene el poder de prevenirlo.