Claro oscuro de la IA y la robótica en la crisis ecológica del antropoceno

Exhibición de artes marciales (kung fu) protagonizada por robots humanoides en la Gala de la Fiesta de la Primavera de CCTV 2026. Foto via China Focus

La Inteligencia artificial y los robots en la cresta de la ola

El pasado lunes 16 de febrero cientos de millones de pantallas de televisión, tablets, computadoras y teléfonos celulares, se iluminaron a lo largo y ancho del mundo con la presentación de la gala del Año Nuevo Lunar Chino 2026, organizado por el China Media Group. Durante más de cuatro décadas, esta gala anual, conocida como Chunwan, ha sido un momento de celebración espiritual para el pueblo chino en vísperas del fin del invierno y el inicio de un nuevo ciclo con la primavera, así como un ritual compartido que acompaña las reuniones familiares.  Este año, la cadena CGTN se asoció con sus plataformas multilingües en 85 idiomas, trabajando con más de 3.500 medios de comunicación en más de 200 países y regiones para transmitir y cubrir la gala en vivo. 

A medida que esa celebración evoluciona de un simple «festival chino» a una celebración global, continúa cobrando impulso. Y en ese élan han cabalgado esta vez, con más fuerza que nunca, los candentes temas de la Inteligencia Artificial (IA) y la robótica.  Este programa de televisión, el  más visto de ese país asiático, y un referente para China comparable a lo que significa el Super Bowl para los Estados Unidos, mostró el lunes la política industrial china de vanguardia del país y el impulso de Pekín al programa para dominar el mercado de los robots humanoides y una imagen de lo que puede ser el futuro de la manufactura y otros sectores, presentando de manera espectacular los productos de gala de cuatro empresas emergentes: Unitree Robotics, Galbot, Noetix y MagicLab. Los tres primeros sketches del programa destacaron a los robots humanoides, incluyendo una extensa demostración de artes marciales en la que más de una docena de humanoides de Unitree realizaron sofisticadas secuencias de lucha blandiendo espadas, pértigas y nunchakus muy cerca de niños humanos que actuaban como actores. Las secuencias de lucha incluyeron una técnicamente ambiciosa que imitaba los movimientos tambaleantes y las caídas hacia atrás del estilo de artes marciales chino, el «boxeo de borrachos», mostrando innovaciones en la coordinación multirrobot y la recuperación de fallos, donde un robot puede levantarse tras una caída. El sketch de apertura del programa también presentó de forma destacada al chatbot de IA Doubao de Bytedance, mientras que cuatro robots humanoides de Noetix aparecieron junto a actores humanos en un sketch cómico y los robots de MagicLab bailaron sincronizadamente con actores humanos durante la canción «We Are Made in China”. En este sentido, la gala del Año Nuevo Lunar Chino de 2026, marca quizás un punto de inflexión en la percepción de los robots por parte del gran público. Ha permitido verlos no como una broma o una curiosidad tecnológica (como ocurrió en oportunidades anteriores con demostraciones de entidades artificiales menos sofisticadas), sino que comienza a considerarse la posibilidad del remplazo radical de humanos en múltiples acciones e intervenciones por máquinas orientadas por la IA a partir de iniciativas que tienen lugar no solo en China, sino también en otros lugares como Japón, Estados Unidos, Rusia y varios países de la Unión Europea. 

La inteligencia artificial (IA) y la robótica se han convertido en temas candentes de la actualidad. Ambas se combinan para crear máquinas autónomas capaces de percibir, aprender y actuar en el mundo físico. Mientras la robótica proporciona el diseño físico y mecánico, la IA, que abarca mucho más que simples aplicaciones generativas como ChatGPT, actúa como su “cerebro”, permitiendo decisiones en tiempo real y adaptabilidad, transformando sectores diversos (industria, agricultura, movilidad, medicina, vigilancia y seguridad, carrera armamentista) e incidiendo en muy variadas interacciones entre humanos y entre estos con su ambiente (Telefónica, 2023; SINTO, 2024). Las funciones nuevas e innovadoras que derivan de esta convergencia traen consigo interrogantes y muchas consideraciones de orden ético, filosófico, social y político.  Estamos viendo la punta del iceberg de una nueva revolución digital, quizás la más fuerte de todas las que hemos tenido antes, y esta situación nos motiva a una reflexión que queremos plasmar en este escrito habida cuenta de que transitamos una nueva era denominada Antropoceno cruzada por múltiples crisis, entre ellas una de fondo que es la crisis ecológica. Dicha época se caracteriza por la actividad humana, tanto intensiva como extensiva, que ocasiona un enorme impacto en todas las escalas, es una nueva época en la que se potencia enormemente el papel activo y dominante del antropos, la especie humana (Steffen, 2000; Aquae, 2023; SMC, 2023). 

El término «antropoceno» se sugiere como un período geológico en sí mismo, a pesar de su brevedad en comparación con períodos geológicos anteriores, cuyo inicio se propone por parte de algunos en 1945 con la introducción de partículas radiactivas liberadas por explosiones nucleares provocadas por el ser humano. Esto se debe a que el impacto fundamental que la actividad humana ha tenido y sigue teniendo en el planeta está creando una capa geológica —con su contenido de plástico, asfalto, hormigón y radiactividad— que será detectable en un futuro lejano. Pese a que, en 2024, en medio de una fuerte controversia con algunos de sus pares, un cenáculo de geólogos dictaminó que la noción de Antropoceno no tenía una base sólida, el término ha tenido y sigue teniendo una enorme resonancia en diversos campos del conocimiento tales como la geografía, la arquitectura, la biología, la agronomía, la medicina, la antropología, la sociología, la economía, la psicología, la filosofía, entre otros. Se trata de una resonancia que es también profundamente política: ya no tiene sentido concebir a la Tierra y a la humanidad con sus sociedades como dos entidades independientes. De tal manera que, como ya lo hacen muchos, el término lo vinculamos primeramente a la influencia de ciertas actividades humanas en el funcionamiento del sistema Tierra y en segundo lugar a la responsabilidad que se desprende de los efectos nefastos de esos cambios sobre la vida en general y la vida humana en particular. Ciertamente, el concepto de Antropoceno tiende a ser interpretado injustamente colocando a todos los humanos en pie de igualdad en lo que refiere a las transformaciones y perturbaciones generadas, siendo que ellas resultan mayormente de las decisiones, acciones y un modo de existencia social orientados por una minoría e impuesto por esta de una forma u otra a la mayor parte de la humanidad. Pero la idea de Antropoceno nos dice que de todas maneras todos y todas somos habitantes del planeta y no solo del territorio circunscrito por las fronteras geográficas, generacionales. El hecho de prescindir o no del concepto como época geológica no niega las dinámicas resaltadas por este término: erosión masiva de suelos y sedimentos; cambios en los flujos de CO₂, el ciclo del agua y el ciclo del nitrógeno; crisis climática; colapso de la biodiversidad, entre otras, que muestran como determinadas actividades humanas están empujando los lindes y la sostenibilidad planetaria con serias consecuencias ecológicas y sociales para nuestra especie.

Ver también:La inteligencia artificial y su huella hídrica

 Esto nos debe mover, considerando simultáneamente otras palabras en boga tales como límites, habitabilidad, transición, etc., a pensar el mundo en términos de complejidad, entre asuntos ecológicos y sociopolíticos, trabajando con un enfoque sistémico en múltiples escalas espaciales y temporales, combinando diversas disciplinas, para poder actuar articuladamente en consecuencia. En esa complejidad entra también el abordaje de la tecnología y en particular de la tecnología que involucra la IA y la robótica, en tanto que creación que resulta de actividades humanas e interactúa con los humanos y el ambiente con un inmenso potencial de incidencia en distintos ámbitos. Los avances en hardware y software de las tecnologías de automatización se están sintiendo en cada vez más en diversos ámbitos de la vida, alterando profundamente las relaciones sociales y económicas, está aumentando rápidamente el interés en cómo las tecnologías robóticas algorítmicas se integran cada vez más en nuestras complejas, cambiantes y contingentes realidades socioespaciales, contribuyendo así para bien o para mal a su creación. De hecho, existe ya en el imaginario socio tecnológico la idea de un futuro tecnológico dominado por sistemas robóticos en múltiples sectores de la sociedad, lo que ha dado pie a la propuesta de denominar Robotoceno a una próxima era que supuestamente sustituiría al Antropoceno (Soraa y Fyhn, 2018).

 Reconocemos el hecho de que las incesantes innovaciones y aplicaciones que están ocurriendo en materia de IA y robótica nos generan una vaga sensación de vértigo, desestabilizante, como si nuestra realidad social y física adquiriera de repente una nueva dimensión. Pero también reconocemos en ello un estímulo para el análisis crítico y la evaluación de posibilidades de reconfiguración de esa tecnología con un enfoque alternativo de ecología social.

Paradojas y ambigüedades de la AI y la robótica en el contexto de la crisis ecológica

Las tecnologías de automatización ofrecen potencialmente nuevas maneras de interactuar con los procesos y recursos biofísicos, actuando con mayor velocidad, eficiencia y precisión a diferentes escalas, lo que permite nuevas formas de intervención, respuesta y control ambiental, e impulsa nuevas visiones sociotécnicas sobre cómo gestionar el clima y otras dinámicas naturales. Pero la aplicación de tecnologías nuevas y experimentales en la naturaleza sigue siendo muy contingente y limitada. No obstante, la creciente sensación de crisis ambiental propia del Antropoceno, especialmente en torno al colapso climático, está abriendo espacio político para quienes pugnan por formas de intervención más radicales.

Hay quienes sostienen que, con la inteligencia artificial, el ambiente puede evaluarse y administrarse con una precisión y una eficiencia hasta ahora desconocidas. En esta línea los algoritmos más sofisticados y desarrollados analizarían en tiempo real cada componente de los ecosistemas, desde la calidad del aire, las cantidades y tipos de residuos generados, hasta la salud de los mares y océanos o de los bosques. Entre las líneas de trabajo de cómo ayuda la inteligencia artificial a la protección del ambiente se citan: el impulso a mejoras significativas en la adopción de tecnologías limpias y sistemas de generación de energías renovables (solar, eólica) y monitoreo de emisiones con aplicaciones en la industria y la movilidad; la minimización de la contaminación y la promoción del reciclaje inteligente con diseño circular de productos que permite la reducción de la huella ecológica; la promoción de prácticas agrícolas y pesqueras sostenibles con visiones de preservación de la biodiversidad y fomento de la eficiencia en el uso del agua y la tierra; el abordaje de la reforestación con soluciones variadas que abarcan desde el uso de satélites para la supervisión hasta la reforestación de ecosistemas forestales claves; el desarrollo de tecnologías para gestionar y reducir la contaminación del agua y el aire, acompañado de regulaciones más estrictas en la industria; el desarrollo de sistemas capaces de anticipar y gestionar eventos climáticos extremos que pueden ayudar a las comunidades a enfrentar la crisis climática, como los sistemas de alerta temprana que prevén inundaciones, huracanes, vaguadas y tormentas de nieve; la conformación de plataformas educativas para ampliar y mejorar la formación ambiental (Ghoshal, 2023; Varela, 2026). 

También existen observaciones críticas a la IA relativas a sus consecuencias ambientales. La IA genera impactos ambientales negativos porque se sostiene sobre infraestructuras físicas que consumen de manera constante grandes cantidades de energía, agua y materiales necesarias para entrenar modelos, procesar millones de consultas y renovar el hardware que los sostiene. Esas infraestructuras físicas funcionan de manera continua y su uso aparenta ser inmaterial; sin embargo, depende de centros de datos, servidores y dispositivos electrónicos que requieren recursos naturales durante su fabricación, operación y mantenimiento.

La IA consume mucha electricidad de manera continua, por lo general proveniente de combustibles fósiles, lo que eleva la huella de carbono. El entrenamiento y la ejecución de modelos avanzados requieren grandes cantidades de energía, especialmente en procesos de cálculo intensivo. La infraestructura dedicada a IA cambia aceleradamente, los nuevos clústeres diseñados para cargas de IA consumen varias veces más que un centro de datos tradicional. Se prevé que en pocos años más del 50% del consumo eléctrico de los centros de datos estará ligado a la IA, planteando grandes retos para la red eléctrica y para los propósitos de descarbonización que se intenten hacer. El entrenamiento de modelos avanzados de IA puede generar centenares de toneladas de CO2 equivalentes a las emisiones anuales de numerosos vehículos automotores; los modelos de gran escala refuerzan este impacto.

En lo que respecta al hardware cabe destacar que su impacto en el ambiente comienza mucho antes de entrar en funcionamiento. Los servidores, GPU y chips avanzados dependen de materiales críticos como tierras raras, galio, cobalto o tántalo. La extracción y procesamiento de esos materiales generan un alto consumo energético, emisiones de gases de efecto invernadero y grandes volúmenes de residuos mineros. Su extracción y procesamiento generan un alto consumo energético, emisiones y grandes volúmenes de residuos mineros cuya recuperación es compleja. Buena parte del hardware retirado no se recicla, lo que incrementa la presión sobre nuevas actividades extractivas. La fabricación de estos componentes exige procesos industriales complejos e instalaciones altamente tecnificadas que amplifican la huella ecológica. A esto se agrega el impacto del transporte, el ensamblaje y la distribución del hardware necesario para sostener las cargas de IA.

Con relación al consumo de agua hay que señalar que para mantener operativos los centros de datos son necesarios grandes volúmenes de agua que refrigeran los procesadores que se calientan durante las operaciones. Este requerimiento es particularmente alto en lugares con climas cálidos o con alta densidad de carga computacional. El efecto es notable en regiones donde la demanda de IA crece rápidamente. En zonas que padecen estrés hídrico, esta demanda añade más presión a la escasez de agua (PNAV, 2024; Ortiz,2025; UNIA, 2025).

 Ver también:Bosquejo de una aproximación ecosocial a una crítica de la tecnología política

La robótica, que como ya hemos dicho converge con la IA para crear máquinas autónomas que facilitan la automatización de tareas, se aplica cada vez más en la industria, la medicina y los vehículos autónomos. Los robots, que poseen múltiples capacidades y pueden realizar eficientemente tareas repetitivas y peligrosas, son aprovechados en una variada gama de situaciones, tales como como permitir un seguimiento preciso de emisiones de gases de efecto invernadero, reducir el uso de energía y minimizar los residuos en agricultura y manufactura. Robots equipados con sensores avanzados rastrean la biodiversidad y analizan ecosistemas terrestres y marinos en tiempo real; prototipos se inspiran en la naturaleza para plantar árboles de forma autónoma y eficiente; drones y robots submarinos se utilizan para recolectar residuos, especialmente plásticos, en los mares y océanos; otros robots subacuáticos miden el calor del mar para predecir huracanes y plantan corales cultivados en laboratorio para restaurar arrecifes; se utilizan robots y drones para monitorear la salud de ecosistemas, reforestar áreas a gran escala, plantando semillas mucho más rápido que los métodos tradicionales; la agricultura de precisión con robots minimiza el uso de fertilizantes y productos químicos; en la industria optimizan procesos para reducir el consumo energético y las emisiones de CO2.  También se usan en sistemas que combinan tecnologías terrestres y aéreas para detectar y contener incendios forestales (Sphero, 2023; Bieller, 2024).

El impacto ambiental negativo de los robots abarca los recursos consumidos y los residuos generados a lo largo de su existencia, desde su construcción inicial, pasando por su uso activo, hasta su eliminación final. Incluye: alto consumo de energía y emisiones producidas por combustibles fósiles; generación de basura electrónica, desechos peligrosos y disposición de baterías de litio que son muy contaminantes; el efecto rebote, que consiste en que una mayor productividad suele conducir a volúmenes de producción generales más altos, lo que en última instancia puede aumentar el consumo total de recursos y la contaminación del aire; alteración ecológica en la agricultura causada por sistemas robóticos que generan paisajes de cultivos homogéneos y menos diversos, y por riego ineficiente y a gran escala que agota las fuentes de agua locales (Zagazezheva, 2024; Sustainability Directory, 2025).

Una reflexión final

La IA y la robótica están desarrollándose velozmente y poseen una capacidad transformadora del mundo económico, social y físico que solo ahora, a pesar de algunas advertencias previas, estamos comenzando a intuir… y también a temer. De repente, se han venido convirtiendo en un tema central de discusión en no pocas sociedades contemporáneas. Ante las crecientes aplicaciones meramente productivistas, de control social o de interés militar de esa tecnología, se levantan voces que preguntan ¿Por qué estos robots no nos ayudan más a abordar los desafíos globales, regionales y locales que enfrentamos, incluyendo los relacionados con la pobreza, las desigualdades, la prosperidad general, la paz, la justicia, la degradación ambiental y la crisis climática para lograr un futuro mejor para todos? La interrogante nos invita a reflexionar sobre las dimensiones éticas y equitativas en la toma de decisiones vinculadas a la creación de tecnología, sus propósitos y usos, su inserción en la dinámica social y ambiental, su entronque con determinados modos de vida, teniendo en cuenta que la tecnología no es neutra. La tecnología, y en esto la IA y la robótica no constituyen una excepción, lleva impresa una carga de imaginarios, valores y percepciones del mundo social y natural propia de quienes la crean, direccionan, difunden y controlan. 

En tiempos de Antropoceno y disrupción generalizada de los equilibrios ecológicos, por razones de justicia ambiental, justicia social y supervivencia, es absolutamente necesario cuidar la Tierra, los territorios y los lugares donde vivimos, así como el conjunto de la trama de vida que conforma la biosfera. Nos enfrentamos a una crisis ambiental sin precedentes, la mayor parte de los límites planetarios dentro de los cuales la humanidad puede vivir con seguridad han sido transgredidos. Esta crisis es sistémica, a escala planetaria, y es, por lo tanto, a este nivel que debemos cuestionar el desarrollo de la IA y la robótica.

Ver también:2073: Una advertencia sobre el mundo sombrío que se está configurando en la actualidad

Hemos dado ejemplos de provechos e inconvenientes que el uso de IA y robots puede acarrear con relación al ambiente y sus ecosistemas. No obstante, otras dudas y preguntas nos surgen. Así por ejemplo el hecho de indagar si de verdad son inteligentes, precisando de antemano que significa ser inteligente. En este sentido, el pionero de la informática Alan Turing se decidió por lo que llamó el juego de la imitación: si una máquina puede hacernos creer que es inteligente, ¿qué más podemos pedir? Desde esta perspectiva, estas nuevas IA son asombrosas, y más de un experto ha caído en sus redes, pero la ilusión sigue siendo difícil de mantener. Como cualquiera puede comprobar, ChatGPT suelta con frecuencia todo tipo de disparates con la mayor seguridad. Los robots equipados con las nuevas IA también dan una desconcertante ilusión de competencia. Los últimos avances son impresionantes, y es fácil dejarse engañar, pero la situación es exactamente igual que con ChatGPT: siguen siendo capaces de tomar todo tipo de decisiones absurdas con la máxima confianza. Solo que, esta vez, su capacidad de moverse y actuar de forma independiente en nuestro mundo físico puede provocar rápidamente auténticas catástrofes. La IA, desprovista de emociones y sesgos humanos, podría proponer medidas draconianas antihumanas chocando con valores y aspiraciones: podría sugerir la reubicación forzada de comunidades enteras para evitar la expansión urbana o plantear la eliminación física de una población para reducir la presión sobre determinados recursos naturales. ¿Hasta qué punto estaríamos dispuestos a ceder el control a una entidad no humana, incluso si sus decisiones se alinean con el cuido del entorno no humano, desconociendo que la protección del planeta (del cual formamos parte) no es solo un asunto técnico sino ético, social y político?

Por último, añadimos esta consideración: en aras del reequilibrio de la biosfera y de la propia supervivencia humana son muy necesarios los procesos de renaturalización que persiguen, hasta donde sea posible y prudente, la “liberación” de espacios naturales de interferencias humanas. De hecho, ya se adelantan proyectos en algunas partes con el objetivo de tornar más salvajes espacios estratégicos degradados por intensas intervenciones. Como sabemos, la IA se ocupa de artificializar procesos mentales humanos y sus diferentes esferas de actividad. Por su parte, la renaturalización busca volver más naturales los ambientes que han sido hechos artificializados. Sin embargo, ambas pueden ayudarse mutuamente. Por ejemplo, proyectos de reforestación y revegetación en gran escala, con empleo de robots, pueden contribuir a la descarbonización de sistemas de IA.

Para finalizar, creemos que más allá de mitigar, hacer más sofisticadas y eficientes las acciones, reciclar y basarse en la sobriedad, es en el contexto de consideraciones ecosociales amplias, diversas, interdisciplinarias e interrelacionadas, que la IA y la robótica deben crearse, insertarse y orientarse con fines de regeneración del vasto entramado de ecosistemas actualmente en proceso rápido y muy peligroso de empobrecimiento y destrucción. Esto requiere de consensos sociales y comunitarios democráticos, bien articulados e informados, con capacidad de movilización e incidencia real en las decisiones concernientes a la tecnología, sus usos, límites y posibilidades de reconfiguración, que aseguren exigencias de fiabilidad, explicabilidad y trazabilidad de sistemas, procesos y artefactos.

Referencias

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Bieller, Susanne (2024) The Transformative Role of Robotics in Achieving Sustainable Development Goals.IFR. https://ifr.org/post/the-transformative-role-of-robotics-in-achieving-sustainable-development-goals

Ghoshal, Preeta (2023) AI And Sustainability: Artificial Intelligence for Tacckling Environmental Challenges. FDM. https://www.fdmgroup.com/news-insights/ai-and-sustainability/

Ortiz, José Pablo (2025) Impactos ambientales de la inteligencia artificial. The Equation. https://blog.ucs.org/pablo-ortiz/impactos-ambientales-de-la-inteligencia-artificial/.

PNAV (2024) Los impactos ambientales de la IA. https://algoritmosverdes.gob.es/es/noticias/los-impactos-ambientales-de-la-ia Zagazezheva, Oksana (2024) Study of the environmental impact of robotisation of production in rural areas. E3S Web of Conferences 583, 02024. https://www.e3s-conferences.org/articles/e3sconf/pdf/2024/113/e3sconf_itese2024_02024.pdf

SINTO (2024) The Key Differences Between Robotics and AI.

https://sintoamerica.com/the-key-differences-between-robotics-and-ai/#:~:text=Robotics%20involves%20the%20design%2C%20construction,that%20AI%20does%20not%20possess

SMC (2023) Antropoceno: qué es y por qué crea discusión en la comunidad científica. https://sciencemediacentre.es/antropoceno-que-es-y-por-que-crea-discusion-en-la-comunidad-cientifica.

Sphero (2023) Environmental Robotics Examples and How They Can Help Our Planet. https://sphero.com/blogs/news/environmental-robotics-examples

Steffen, W. Commentary. Paul J. Crutzen and Eugene Stoermer, ‘The Anthropocene’ (2000). In: ROBIN, L.; SORLIN, S.; WARDE, P. (ed.). The Future of Nature: Documents on Global Change New Haven: Yale University Press , 2013. p. 483-490.

Soraa, Roger Andre y Fyhn, Hakon (2018) “The Robotocene: Socio technical imaginaires of a robotic future” Conference: 4S 2018: Society for Social Studies of Science Annual Conference. At: Sydney https://www.researchgate.net/publication/327542384_The_Robotocene_Sociotechnical_imaginaries_of_a_robotic_future.

Sustainability Directory (2025) Environmental Impact of Robots. https://pollution.sustainability-directory.com/term/environmental-impact-of-robots/

Telefónica (2023) Differences between robotics and Artificial Intelligence. https://www.telefonica.com/en/communication-room/blog/difference-robotics-ai/

UNIA (2025) Impacto medioambiental de la IA. https://www.unia.es/vida-universitaria/blog/impacto-medioambiental-de-la-ia

Varela, Miguel (2026) ¿Cómo ayuda la inteligencia artificial al medio ambiente? ECOVIDRIO.https://hablandoenvidrio.com/inteligencia-artificial-ayuda-medioambiente/