Tomar posición frente a la coyuntura petrolera derivada del acuerdo energético Trump-Rodríguez

Familiares de presos políticos participan en la protesta "¿Cuánto petróleo nos cuestan nuestros presos?". Sept-2026. Fuente: JUAN BARRETO / AFP
Familiares de presos políticos participan en la protesta "¿Cuánto petróleo nos cuestan nuestros presos?". Sept-2026. Fuente: JUAN BARRETO / AFP
octubre 11, 2026

A la memoria de Vladimir Aguilar

1.- Ciertamente, el diputado Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, no nos tuvo piedad. En su fracasada búsqueda para que el reciente acuerdo petrolero firmado, ilegal e inconstitucionalmente, por la encargada de la presidencia, Delcy Rodríguez, con el gobierno estadounidense, no suscitase el rechazo que ha logrado levantar, en su intervención del 1 de septiembre en la Asamblea Nacional dijo, con sus palabras, dos cosas básicas: que los que han soñado con que ese petróleo se quedara bajo la tierra, pueden irse cayendo de esa mata de mamón, porque lo que viene es producción petrolera. Y que, a quienes pretendan robarse un solo dólar, figurativamente, ojo que esto es clave, porque levantó el dedo índice para puntualizarlo, figurativamente, les quemarían las manos y los meterían en la cárcel.

Por un lado, lo que, subliminalmente, el diputado Rodríguez nos informó, es que hay manadas de “Alejandros” Betancourt pendientes de lo que salpique del “convenio energético”. Mala pero creíble noticia. Tiene rato pasando. Desde mucho antes que “el gobierno anterior” nombrara a Tareck El Aissami como el Zar de la energía y las finanzas públicas.

Por otro, sin salirnos de este aspecto de la intervención del diputado Rodríguez, nos asalta la tentación de una simple regla de tres: Si por la pretensión de robarse un solo dólar, figurativamente, les quemarían las manos a los ladrones de la próxima “bonanza” petrolera.

(¡Qué fascinación por la tortura!) ¿Qué le quemarían, figurativamente, a Tareck El Aissami, ex vicepresidente de Venezuela para el Área Económica, al Cnel. Antonio Pérez Suárez, ex vicepresidente de Comercio y Suministro de PDVSA, y a Joselit Ramírez, ex Superintendente Nacional de Criptoactivos, “del gobierno anterior”, por el desvanecimiento, la difuminación, el desvío, la sustracción, la desaparición en el ciberespacio, de 21.000 millones de dólares, producto de la venta de petróleo que es propiedad de todo el pueblo de Venezuela?

Soy consciente de hacer este planteamiento tras la denuncia de los abogados de Tareck El Aissami, sobre una desaparición forzada de su defendido. Le negaron la visita familiar y no se supo más de él. Tomamos nota de los crecientes rumores sobre su presunta muerte, y consigno mi rechazo a una exhibición tan obscena de tiranía como la que está implícita en desaparecer a un preso del conocimiento de sus familiares y abogados. Nos asiste plenamente el derecho a creer que se está silenciando a Tareck El Aissami. Los 21.000 millones de dólares no aparecen y parece que no le importaran a nadie, como si no hicieran falta, pero lo peor es que lo único que está oculto no son los 21.000 millones, y que saber demasiado pudo ser una fortaleza que se convirtió en amenaza para él.

La otra advertencia del presidente del Poder Legislativo es una oportunidad que no pienso desaprovechar. Alude a los destinados a caerse de una figurativa mata de mamón por creer que el petróleo se iba a quedar bajo la tierra.

Creo que no soy el único en creer que la Venezuela del siglo XXI, ni debe ni tiene por qué diseñarse, como lo que les encanta decir a Delcy Rodríguez y a María Corina Machado, como un “hub” energético para el resto del universo. La estación de servicio de toda la bolita del mundo. Asumo la responsabilidad de creer que no es para nosotros el destino de mina que nos impuso la colonialidad del poder desde 1492. Los que reivindiquen a la mina, como lo único posible, que se anoten. Que digan después que se hace con la sopa de mercurio que es el río Caura, el tercero del país después del Orinoco y el Caroní. Pero dado el tono fustigador del diputado presidente del Poder Legislativo, Dr. Jorge Rodríguez, a los ilusos, candidatas y candidatos a caerse de la figurativa mata de mamón, que creyeron que ese petróleo se iba a quedar bajo la tierra, le digo que sí, que existimos. No sé si todos los que quisiéramos que la mayor parte de las reservas petroleras de Venezuela se quedaran bajo la tierra lo hagamos por las mismas razones, y me parece poco probable, pero en todo caso, me apresuro a aclarar la perspectiva en la que me inscribo.

Somos quienes creemos que es una grosería grotesca decirle a un país, con un siglo de experiencia petrolera, que ahora sí, con la intermediación de Alejandro Betancourt y su empresa NABEP, designada a dedo y sin licitación por el gobierno estadounidense con el beneplácito del venezolano, lo que viene para Venezuela es bienestar. Alejandro Betancourt es al convenio petrolero Trump-Rodríguez, lo que Alex Saab es a las Cajas CLAP. No se toman la molestia de cambiar el formato del trajín, y aun así, pretenden que brinquemos y saltemos de la alegría porque ahora sí, ante la terrorífica amenaza del diputado Rodríguez, nadie se robará un solo dólar.

Somos quienes creemos que la mayor parte de las reservas petroleras van a quedar bajo la tierra y que, además, eso es lo mejor que le puede pasar a Venezuela y al planeta Tierra.

Que lo peor, óigase bien, lo peor, que le puede pasar a Venezuela, es que se le haga a la cuenca del río Orinoco lo que se le viene haciendo a la cuenca del Lago de Maracaibo hace ya un siglo.

Somos quienes creemos que la única posible gerencia seria de la industria petrolera venezolana, es la que conduzca la transición energética hacia la descarbonización de la producción de energía, como requisito previo para conservar la vida en el planeta. No nos metemos aquí con el universo petroquímico, sobre todo a partir del gas. La producción de energía a partir de la quema de hidrocarburos no debería pasar del 2050, y ningún futuro debería ser tan corto. Lo más grave es que si eso no es así, es porque sería mucho peor, pues nos estaríamos calcinando o inundando, como en esa Europa y en esa Patagonia que se incendian todos los veranos, o en las islas del Pacífico Sur, con el agua por los tobillos. En todo caso, debe estar en la mira de esa hipotética gerencia seria de la industria petrolera, el mitigar en lo posible, sobre todo en la cuenca del Lago de Maracaibo, el desastre causado por un siglo de “bonanza” petrolera.

Somos quienes creemos que el petróleo, no solo ya no es lo que era, sino que jamás volverá a serlo. Una prueba de lo que digo la constituye la reciente fluctuación de los precios del petróleo.

Con los hutíes roncándole en la cueva a Arabia Saudita, y ejerciendo control sobre el estrecho de Bab-El- Mandeb, el cual, junto al de Ormuz, son los cuellos de botella del comercio petrolero mundial, hoy fuera del control estadounidense. Con Irán contestando cada bombardeo estadounidense con ataques a las bases militares de ese país en toda la región, en una guerra que va y viene. Cuando va, el barril de petróleo sube hasta los 100$ más o menos. Cuando viene cae hasta los 70 y hasta más. Cuando el petróleo era lo que fue, desde el inicio del conflicto el precio no hubiera bajado de los 200$ por barril. No es solo que el mercado no sea el mismo, que no lo es, es que el petróleo ya no es lo mismo, y su tendencia es a valer menos de lo que cuesta sacarlo y procesarlo.

Somos quienes hemos repetido, hasta el hartazgo, que la Venezuela del siglo XXI no puede fundarse sobre la base del desarrollo hidrocarburífero para la producción de energía. Que una cosa es determinar la mejor conducta gerencial petrolera para cerrar un ciclo, en un plazo de 20 años; que diseñar, hasta el siglo XXII a Venezuela, como la bomba de combustible del planeta. Y que es ese debate, el que los “trumpistas” de ocasión niegan, esos que no saben cómo, pero igual están en negacionismo trumpista en relación al cambio climático, como Andrés Sosa Pietri, ex presidente de la PDVSA de la “meritocracia”, hablando de que podrían producirse hasta 15.000.000 de barriles por día, como si el aire no hubiera que respirarlo.

Somos quienes nos preguntamos si, cuando el petróleo no valga ni la pena, y el agua dulce, en cambio, sea como ha sido siempre, la Vida, y esté, como ya está siendo, super escasa, nos van a dejar el mayor reservorio de agua dulce superficial de Latinoamérica, el Lago de Maracaibo, vuelto un gel de verdín hediondo y agua salobre, como resultado del proceso de eutroficación (elevación de los niveles de fósforo y nitrógeno en suspensión) auspiciado por el canal de navegación, que la explotación petrolera, en su momento, por allá a finales de la década de los 30 del siglo pasado, exigió. Somos quienes creemos que cuando, segundo a segundo, las escorrentías de las vertientes Andina y de Perijá, tocan a su recolector natural, que es el Lago de Maracaibo, y se pierden para riego y consumo humano, para solo soportar la ya muy degradada biota de ese cuerpo de agua, agredido por incesantes derrames petroleros, se está consumando la mayor pérdida patrimonial del futuro de Venezuela que pueda ser considerada.

Somos quienes creemos que, lo peor del reciente acuerdo energético entre los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela, no es ni la letra grande, ni la pequeña, ni si 25 ni si 100 años, sino la actitud de “lo que tú quieras Daddy”, al estilo de la célebre bienvenida de Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, a Donald Trump, manifestada por la encargada de la presidencia Delcy Rodríguez. Es un “lo que tú quieras, yo quiero” realmente enternecedor. Cuando vengan a por el aluminio, el torio, el coltán y demás tierras raras, que son también como el petróleo, patrimonio del pueblo de Venezuela, van a querer hacer lo mismo, y habrá que luchar para impedir el despojo.

Somos quienes no creemos ser despojos para el vencedor. Somos quienes no creemos ser un botín

2.- Sabemos que desde que las redes sociales existen, la gente no se informa como antes, y los llamados “medios de comunicación social” prensa, radio y televisión, no son lo que eran.

Sin embargo, desconocer su influencia no es prudente. El Agua está presente, en esta toma de posición sobre coyuntura petrolera, porque en el avasallante operativo comunicacional, tras el acuerdo energético firmado entre Donald Trump y Delcy Rodríguez, cualquier cuestionamiento estaba fuera de lugar. A Televen, a Venevisión, a Globovisión y, por supuesto, a los otros canales, como VTV, ANTV, Avila TV, Tves, del Bloque de Poder, solo podían ir los que le cantaran loas al acuerdo. Pero, a pesar de que el primer problema reportado por la población venezolana, en todas las encuestas, en los 335 municipios del país, es el Agua y no el petróleo, nadie habló de los Hectómetros cúbicos de agua que ni riegan ni se consumen en teteros, en insustituibles duchas, en salud, en sostenimiento de la Biodiversidad de toda la cuenca al “semi-perderse” para sostener la agonizante biota del Lago de Maracaibo, martirizada con incesantes derrames de petróleo. ¿Por qué de eso no se habla? Las costas del Hotel del Lago, ex-joya de la Corona de la industria turística zuliana, en su enclave sobre la Av. El Milagro, en lo que hoy es también el centro de la ciudad de Maracaibo, hieden de verdín (algas cianofitas, sintomáticas de procesos avanzados de eutroficación) podrido en sus orillas, y de esto no se habla.

En el centro-sur de Anzoátegui y Monagas se sacó petróleo del mejorcito durante años, justo sobre uno de los acuíferos de aguas subterráneas más importante del país, el de la Mesa de Guanipa. En la comunidad Kariña de Tascabaña, Mpio. Freites del Edo. Anzoátegui, por las tuberías de agua salía gas, y eso pareciera que no tuviera que ver con nadie. Muchos morichales de la extensa sabana, son barrizales de petróleo, a ojos vistas, sin que a nadie le dé pena, sin que nadie diga “yo soy responsable de esto”, “éste es el resultado de mi política petrolera”. Los barriles vendidos tienen muchos padres. Los barriles derramados son huérfanos.

Así como en su momento, la industria petrolera declaró al Lago de Maracaibo como “zona de sacrificio”, en las sabanas del norte del Orinoco, todos los fluidos asociados a la extracción petrolera, agua hipersalobre o salmuera, metales pesados, entre otros, se dispersaban por la sabana como diera el declive del terreno. A la buena de Dios y adiós muy buenas. Lo peor es que eso no era “mala praxis”. Ese era el “modus operandi”. Así era la cosa.

Tenemos muy deficitaria nuestra cuenta ambiental, como país, en lo que a explotación petrolera se refiere. Y la cuenta se pone muchísimo peor cuando añadimos los daños por la explotación aurífera en él, perversamente llamado, Arco Minero del Orinoco, como si ahí solo hubiera minas, como si no hubiese Agua, Aire, Biodiversidad, Gente.

En los hechos, como sociedad, con grados muy diferentes de responsabilidad, por supuesto, pero en todo caso con una indiferencia que a nadie deja libre de culpas, hemos tratado al Agua como si no la necesitáramos. Para sacar el petróleo ¿había que matar al Lago de Maracaibo?, ¡pues que se muera el Lago de Maracaibo!, y le metemos la puñalada de sal que le entra por el canal de navegación hasta el corazón del saco. Para sacar el oro de la Orinoquia hay que disolver el suelo con agua a presión, de modo que el batido de barro se mezcle con mercurio, o con cianuro, y se pueda precipitar el oro. No se hable más. Proceda, que lo que importa es el gramo de oro, no el metro cúbico de agua. En los hechos, ésa es la conducta que nos retrata como país.

El actual convenio petrolero Trump-Rodríguez, no es tanto que ratifique esa conducta, lo que objetivamente hace, sino que además la pone como bandera de la revolución bolivariana. Tenemos que estar orgullosísimos de que con petróleo venezolano se calcine la esperanza de la Vida sobre la Tierra.

Los compromisos “come floristas”, que la República Bolivariana de Venezuela firmó en la COPP de París en 2015, (el gran acuerdo universal sobre cambio climático), son sandeces ecologistas del “gobierno anterior”, de las que el “actual gobierno” no tiene ninguna responsabilidad.

Nos importa que lo sepa el presidente del Poder Legislativo, pero mucho más nos importa que lo sepa el pueblo de Venezuela. ¡Sí existimos los que creemos que, entre el Agua y el petróleo, entre el Agua y el oro, entre el Agua y lo que sea, nos quedamos con el Agua!

Sí existimos quienes creemos que nos van a querer reciclar la chatarra petrolera del Norte Global hacia el Sur Global, prometiendo al petróleo como la energía del futuro. “Drill baby, drill” (“Perfora baby, perfora”) nos van a decir, ya nos lo han dicho. Pero no es su Lago el que se llena de “chapapote”, no es el Orinoco y su cuenca transformados en profundos charcos de barro y destrucción. Sí existimos quienes seguimos denunciando que, éste es momento y hora, en que Venezuela no tiene la más remota idea de cómo llega la plata del petróleo a manos del gobierno encargado, y si ni siquiera el gobierno encargado sabe cuánto y cómo le llega, ¿quién va saber? El mal de muchos solo es consuelo de los tontos, pero me reconfortó algo saber que el pueblo estadounidense tampoco sabe qué está pasando con los millones de dólares en petróleo que su presidente dice estar sacando de Venezuela. En ese documento histórico en que se convirtió la interpelación del senado estadounidense al secretario del Tesoro, Scott Bessent, la actuación de este funcionario se lleva el Oscar a la mejor actuación en el ocultamiento de un fraude. No deje de verla.

De la oscuridad y la opacidad, de la falta de información, se desarrolla, con gran fuerza, la corrupción

3.- Como se puede ver, la presente ha sido, hasta ahora, una toma de posición sobre el futuro petrolero de Venezuela más que una opinión sobre el convenio petrolero Trump- Rodríguez. Considerando que éste, recientemente firmado, y todos los anteriores acuerdos, han sido con una pistola en la cabeza, uno tendría que agregar la coerción y la extorsión a los elementos de ilegalidad e inconstitucionalidad del mismo. Eso sería ser condescendiente. Pero esas no fueron las palabras, y esa no fue la actitud de la Encargada de la presidencia, Delcy Rodríguez, en su intervención ante la 81º Asamblea General de la ONU.

Rodríguez derrochaba orgullo patrio por el acuerdo que volvía a darle “seguridad energética al hemisferio”. No dijo nada que diera la impresión de tener una pistola en la cabeza. Daba la impresión de estar sentando las bases de SU gobierno. Ese acuerdo, del que se ufanó en su discurso, parecía ser el piso material de su gestión. Con ese acuerdo firmado, casi concomitantemente con el reconocimiento oficial del gobierno estadounidense a su gobierno, tenía el mandado hecho. No tenía un solo voto que justificase su presencia en Miraflores, pero tenía el apoyo firme de Donald Trump.

Si con las elecciones parlamentarias de medio término, el partido Demócrata recupera el poder necesario para controlar y balancear la actual actitud todopoderosa del presidente estadounidense, la viabilidad del acuerdo petrolero Trump-Rodríguez no se vería facilitada.

No se trata solo de rechazar un acuerdo que hiede en Venezuela y en Estados Unidos, porque su solo formato tiene la inconfundible apariencia de los billetes de trece. Se trata de entender que podemos estar presenciando los arreglos entre un grupo de mafiosos para proceder al robo del siglo.

Esta plena, humillante, subordinación a los intereses del gobierno de Trump, en lo fundamental es compartida por los sectores políticos que se identifican con María Corina Machado. Esto, afortunadamente, no nos representa a todos. Ese otro país, ausente en este gran consenso, tiene que encontrar la manera de decir que esa inmensa trácala, no es en nuestro nombre.