Guerra y devastación ecológica en el Medio Oriente

foto: EFE/EPA/Abir Sultan

 Las guerras modernas provocan sufrimiento humano inmediato, no destruyen solo territorios e infraestructuras, sino que incrementan notablemente las ya fuertes presiones ambientales. Ya no afectan solo a los países directamente involucrados en esos conflictos, sino que generan efectos en cadena que se extienden por continentes, impactando ecosistemas, economías, sistemas alimentarios y la estabilidad climática global. En los conflictos armados de hoy en día se originan destrucciones ecológicas que suelen fragilizar por muy largo tiempo los ecosistemas, los recursos naturales y las condiciones de vida de las poblaciones civiles. Las guerras modernas contaminan la tierra, el agua y el aire, destruyen la flora y la fauna, aceleran la crisis climática y dejan cicatrices imborrables que perduran durante generaciones. Los ataques aéreos y misilísticos contra infraestructuras energéticas, las interrupciones en las rutas marítimas mundiales, las amenazas a los sistemas hídricos y la elevada huella de carbono de las operaciones militares contribuyen a la creciente crisis ambiental global.

Los conflictos actuales como el que involucra en primera instancia a Israel, Estados Unidos e Irán, el que tiene a Rusia y Ucrania como contrincantes, o la campaña militar que ha conducido al genocidio perpetrado en Gaza, deben ser entendidos no solo como crisis políticas, sino como motores de concentración de poder, luchas por la hegemonía, profundización de la desigualdad global y regional, y procesos de amplia devastación ambiental. En este último sentido la escalada de tensiones y los enfrentamientos militares entre los Estados Unidos, Israel e Irán demuestran de manera clara y dramática cómo el daño ambiental se ha convertido en una de las consecuencias más duraderas de los conflictos geopolíticos. Ya en la guerra de doce días entre Israel e Irán, que comenzó el 13 de junio de 2025 cuando Israel atacó decenas de objetivos en Irán con el propósito declarado de destruir su programa nuclear, a medida que se amplió el alcance de los objetivos declarados inicialmente, también lo hizo la gama de riesgos ambientales potenciales. Los posteriores ataques militares recíprocos tuvieron como blanco una gran variedad de instalaciones militares y civiles en ambos países. Inicialmente, la preocupación ambiental se centró en las consecuencias de los ataques militares contra instalaciones nucleares, lo que llevó al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) a advertir sobre los peligros de atacar sitios nucleares debido al grave daño que causarían a las personas y al ambiente la contaminación radioactiva.  Sin embargo, posteriormente surgieron preocupaciones en torno a otros daños ecológicos de larga duración como contaminación química resultante del humo surgido con explosiones (Edwards y Regan, 2025; Gambrell y Lidman, 2025; UK Parliament, 2025). 

En Gaza el genocidio se ha combinado con ecocidio. Allí la acumulación de escombros (estimada en 39 millones de toneladas hacia mediados de 2024) y el uso de municiones con metales pesados han dejado el suelo de esa franja de territorio palestino altamente contaminado. La destrucción de sistemas de saneamiento ha provocado el vertido de aguas residuales sin tratar al mar y a los acuíferos de la zona (Felfel, 2025).

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados en Irán en el marco de lo que denominaron “” (también conocida como «Operación Rugido del León). La fase inicial se centró en eliminar a altos mandos iraníes y, al mismo tiempo, debilitar la infraestructura de misiles, los sistemas de lanzamiento y las defensas aéreas. Estas acciones incluyeron un ataque con misiles Tomahawk contra la escuela primaria Shajarah Tayyebeh en Minab, sur de Irán, donde según las autoridades del país persa perdieron la vida unas 180 personas (Amnistía Internacional, 2026; DW, 2026). En las horas siguientes Irán inició una represalia contra Israel y Estados Unidos a gran escala, extendiendo y acelerando el conflicto más allá de su territorio. Lo que comenzó como una campaña concentrada contra el liderazgo y las capacidades de misiles, respondida por Irán, se ha convertido en una guerra regional (a la que se han sumado Hezbollah en el Líbano y grupos de resistencia árabe en Irak y otros lugares). El conflicto armado se ha sostenido con un número creciente de objetivos, incluyendo infraestructura económica y logística, refinerías, tanques de almacenamiento de petróleo y gas, oleoductos y gasoductos, redes eléctricas, sistemas de agua, plantas desalinizadoras, tierras de cultivo, bases militares, zonas residenciales y comerciales, viviendas, estaciones ferroviarias, hospitales, instalaciones deportivas, puertos y aeropuertos, naves de guerra, embarcaciones petroleras y zonas costeras. Simultáneamente, se han utilizado operaciones cibernéticas y mensajes psicológicos junto con acciones convencionales, creando un entorno operativo híbrido en el que la desestabilización se configura tanto por el control de la información y el debilitamiento de la infraestructura como por los misiles y los ataques aéreos. Zonas urbanas y rurales se han visto seriamente afectadas en un mismo ciclo de destrucción principalmente en Irán, Israel y el Líbano, pero también en Dubái, Abu Dhabi, Kuwait, Qatar, Bahréin, Irak, Arabia Saudita, Jordania, Omán y Azerbaiyán (incluso Chipre y Turquía han experimentado ataques menores de manera puntual), demostrando que esta guerra no es solo una tragedia humana, sino también ambiental, con consecuencias muy severas para los ecosistemas, el clima y la salud pública que pueden durar décadas. Más recientemente Israel ha llevado a cabo decenas de ataques en Líbano contra supuestos depósitos de armas y plataformas de lanzamiento y ha bombardeado las instalaciones gasíferas más grandes del mundo en Irán. Este último ha intensificado sus ataques contra instalaciones petroleras y petroquímicas en Israel y varios países del Golfo Pérsico. Como demuestran esos recientes ataques, puede preverse que la infraestructura civil y de doble uso se convertirá cada vez más en blancos de la aviación y los misiles. En una región como la del Medio Oriente y el Golfo Pérsico que ya sufre condiciones climáticas extremas, la situación generada puede considerarse como una verdadera “bomba de relojería ecológica (France 24, 2025; Paranaense, 2026).

Diversas y preocupantes consecuencias para la salud de los ecosistemas y la salud humana se están generando con este enfrentamiento bélico de gran magnitud.  Comencemos con señalar que el humo proveniente de incendios y explosiones incluye contaminantes tales como partículas finas y dióxido de azufre, así como compuestos orgánicos volátiles tóxicos y otros subproductos peligrosos de la combustión. Estas partículas pueden penetrar profundamente en los pulmones y se asocian con un mayor riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, especialmente entre bebés, adultos mayores y personas con afecciones médicas preexistentes. Por ejemplo, el TNT, que se utiliza en municiones y está clasificado como posible carcinógeno humano, puede permanecer en el suelo, dañando la vegetación y las personas. Pese a que muchos de los emplazamientos militares al ser atacados muestran explosiones secundarias e incendios, estos casi nunca destruyen todos los materiales peligrosos y pueden generar contaminación adicional. Dichos contaminantes incluyen combustibles, aceites, metales pesados, componentes energéticos y sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), conocidas también como “químicos eternos” que no se degradan fácilmente, se acumulan en el agua, el suelo y el cuerpo humano, con grandes riesgos para la salud incidiendo en los niveles de colesterol, generando problemas inmunitarios y cáncer. Además, los incendios liberan furanos y dioxinas que también son cancerígenos (Conflict and Environment Observatory, 2026; Muller, 2026).

 Aunque varias grandes ciudades han sido objeto de impactos de bombas y proyectiles (Tel Aviv, Beirut, Isaphan, Haifa, Riyad Doha, Dubai, entre otras), tomemos el ejemplo de Teherán, fuertemente castigada por bombardeos aéreos, para ilustrar aún más lo que está ocurriendo.  Vale recordar que esta ciudad capital de Irán, de unos 10 millones de habitantes, ya venía confrontando una profunda crisis ambiental a resultas de una extrema sequía que viene afectando al país persa. Teherán es un claro ejemplo de cómo la infraestructura militar se entrelaza con las zonas civiles, allí numerosos edificios militares han sido bombardeados o atacados con misiles en la ciudad, así como residencias, centros comerciales, hospitales, ministerios y estadios deportivos. El trazado urbano y la geografía de Teherán influyen significativamente en la dispersión de contaminantes atmosféricos. Esta ciudad está rodeada por la cordillera de Alborz, que con frecuencia atrapa la niebla tóxica y la contaminación en su interior. Los edificios de gran altura también dificultan la circulación del viento, reduciendo la dispersión de los contaminantes derivados de los conflictos y empeorando la calidad del aire (cabe recordar que ya Teherán estaba afectada por graves presiones ambientales, como la escasez crónica de agua, el empeoramiento de la contaminación atmosférica y la degradación de los principales ecosistemas, exacerbadas por la crisis climática y la mala gestión estatal). Inmediatamente después de los ataques iniciados el 28 de febrero pasado, la agencia ambiental de Irán y la Sociedad de la Media Luna Roja Iraní advirtieron a los residentes de Teherán que permanecieran en sus casas, alertando de que los productos químicos tóxicos esparcidos por los ataques aéreos contra cinco instalaciones de combustibles fósiles en los alrededores de la ciudad podrían provocar lluvia ácida y dañar la piel y los pulmones. Poco después nubes negras y tóxicas se extendieron sobre Teherán y se generó una lluvia aceitosa que se depositó sobre edificios, automóviles y personas. Los residentes describieron dolores de cabeza y dificultad para respirar. Sin embargo, los efectos agudos de la nube negra que se extendió por la ciudad podrían ser solo el comienzo. Se ha dispersado un verdadero cóctel químico que incluye cantidades significativas de compuestos aromáticos que se sabe que interactúan con el ADN y que se han relacionado con el cáncer. Además, una vez destruido el confinamiento que proporcionan los tanques y las tuberías, el material se ha derramado por todas partes, dejando un desastre de material nocivo que impregna el suelo y lo cubre todo. Existe el riesgo de que con esto se contamine el suministro de agua potable (Badillo, 2026; Mercedes, 2026; Soroshian, 2026). 

Por otro lado, los ataques emprendidos por la coalición Israel-Estados Unidos en contra de naves de guerra iraníes y los dirigidos por Irán hacia barcos petroleros en el estrecho de Ormuz, han resultado en abundantes derrames de crudo que afectan importantes ecosistemas marinos como las praderas marinas que proporcionan hábitats para peces, ostras perlíferas, tortugas verdes y la segunda población más grande del mundo, especie en peligro de extinción. Las comunidades pesqueras de varios países de la cuenca también viven de los mariscos en estas aguas. El impacto de estos derrames llega incluso a lugares más lejanos como Sri Lanka (El Universo, 2026; Prensa Mercosur, 2026).

Otra forma en que las consecuencias ambientales de esta guerra pueden extenderse más allá de las zonas de conflicto son las enormes cantidades de emisiones de carbono que calientan el planeta y que son causadas por el enfrentamiento bélico. A esto se suma el aporte de aeronaves como por ejemplo los bombarderos B-2; uno solo de estos aviones consume aproximadamente 25. 000 litros de combustible por misión, además de decenas de aviones de reabastecimiento y unos 125 aviones de apoyo para las siete misiones de bombardeo estadounidenses. Las emisiones de carbono derivadas de su operación durante tan solo tres días rivalizan con las emisiones anuales de pequeñas naciones insulares, poniendo en peligro el progreso hacia los objetivos climáticos mundiales (Ruiz, 2025; Romero, 2026). La guerra no solo amenaza vidas humanas, sino que también contribuye al calentamiento del planeta. Las emisiones adicionales de carbono provocarán calores más intensos, sequías, tormentas y otros impactos que destruyen los medios de subsistencia, desestabilizan las economías e impulsan la migración, aumentando así la probabilidad de más conflictos armados. La alteración del clima y la pérdida de biodiversidad resultantes causarán pérdidas de cosechas, intensificación de desastres naturales y brotes de enfermedades infecciosas, exacerbando los conflictos existentes, iniciando otros nuevos y amenazando la seguridad y la estabilidad económica global, ya seriamente perturbada por el cierre del estrecho de Ormuz y el alza exponencial del precio del petróleo. Tanto la contaminación atmosférica como la marina son problemas transfronterizos, capaces de propagarse rápidamente a grandes distancias. Dada la escalada constante de la acción militar en Irán y los continuos ataques contra los estados vecinos del Golfo, independientemente de si los combates se mantienen confinados a la región o no, cada día que continúa el conflicto aumentan las probabilidades de que se produzcan daños ecológicos a nivel mundial.

Los países de la región del Golfo Pérsico, que suman más de 200 millones de habitantes, son particularmente vulnerables a las crisis alimentarias. Dependen casi por completo de las importaciones de arroz, maíz, soya y aceites vegetales. Cualquier interrupción en las cadenas de suministro tiene consecuencias significativas de inmediato, restricciones en el suministro de fertilizantes generan un efecto dominó en la seguridad alimentaria. Otro impacto a considerar en el ámbito agroalimentario es que la guerra en curso pone en riesgo la estabilidad de un tercio del comercio mundial de fertilizantes sintéticos producidos en la región. Debido a los bombardeos en instalaciones gasíferas y el bloqueo en Ormuz el envío de gas natural ha disminuido drásticamente. El envío de gas natural ha disminuido drásticamente, lo que afecta a la materia prima para los fertilizantes nitrogenados. Arabia Saudita Bahréin, Omán, Qatar son exportadores clave de fertilizantes como la urea, el fosfato diamónico (DAP) y el amoníaco anhidro, los precios de estos fertilizantes ya se han disparado. Todo esto ocurre en un momento en que la situación global de la población mundial en materia de seguridad alimentaria es inestable (en parte agravada por la crisis climática), con cerca de un 8% de la población padeciendo hambre y un número creciente de sitios en crisis que empujan a grandes grupos de población hacia la inanición (Dezba Inspection, 2026; Montes de Oca, 2026; Tanis, 2026).

Finalmente, nos referimos a lo que está pasando con el agua potable proveniente de plantas desalinizadoras. Ha habido ataques con misiles en algunas de esas plantas desalinizadoras en Bahrein y muy cerca de otras 43 en Arabia Saudita. La población de la región depende en gran medida de esta fuente de agua que abastece con 400 plantas desalinizadoras a unos 100 millones de personas. Las consecuencias ambientales de las plantas desalinizadoras dañadas van más allá del acceso humano al agua. Estas instalaciones vierten salmuera concentrada al océano y las interrupciones en su funcionamiento pueden perturbar los delicados ecosistemas marinos (Mattchet, 2026; Gayle,2026).

 
La escalada bélica iniciada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, ya está teniendo enormes repercusiones políticas, geopolíticas, económicas, sociales y ambientales en todo el mundo. Se requieren medidas efectivas para contener y extinguir esta pavorosa conflagración, pero en lugar de ello solo estamos viendo una retórica cada vez más incendiaria y pugnaz: más amenazas, bombardeos, destrucción, muertes y desastres ecológicos. El conflicto en Medio Oriente no es un asunto lejano: está profundamente conectado con los precios del petróleo, los intereses mineros, la lucha por la hegemonía y los modelos de seguridad que se imponen en el mundo. Urge construir una nueva concepción de seguridad centrada en los pueblos, las personas y el conjunto de la trama la vida que aún conforma la biosfera, no en los intereses de las grandes potencias o de las corporaciones. 

En un momento como el que estamos viviendo el mundo necesita unirse para enfrentar el acelerado descalabro ecológico global, pero la continua militarización nos aleja de ese propósito. El aumento del gasto en defensa en los cinco continentes está desviando recursos que podrían destinarse a la disminución de las acentuadas brechas de desigualdad, la educación y la cultura, la salud, el fomento de la paz, el reforzamiento de la democracia y el cuido del ambiente, entre otras. El armamentismo, el extractivismo y la militarización de la seguridad global forman parte de una misma dinámica devastadora. El extractivismo es de por sí violento y antiecológico, pero si se utiliza además para la fabricación de armas, es todavía peor.

Dado el crítico momento por el que atraviesa la Tierra en muchos sentidos, tenemos la necesidad urgente de informarnos, informar y combatir la desinformación, debatir, organizarnos, movilizarnos, articularnos nacionalmente e internacionalmente y ejercer presión ciudadana con miras a parar y/o evitar a toda costa esta y otras guerras, no solo por la paz humana, sino también para salvar al planeta de un destino absolutamente catastrófico.

Referencias.

Amnistía Internacional (2026) Estados Unidos/Irán: Los responsables del ataque mortal e ilícito de Estados Unidos contra una escuela, en el que murieron más de 100 niños y niñas, deben rendir cuentas. https://www.amnesty.org/es/latest/news/2026/03/usa-iran-those-responsible-for-deadly-and-unlawful-us-strike-on-school-that-killed-over-100-children-must-be-held-accountable/.

Badillo, R. (2026) Lluvia negra en Irán: el inquietante fenómeno que tiñe las calles y pone en alerta a los expertos. El Confidencial. https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2026-03-12/lluvia-negra-iran-inquierante-fenomeno-1qrt_4318413/

Conflict and Environment Observatory (2026) Operation Epic Fury: emerging environmental harm and risks in Iran and the región. https://ceobs.org/operation-epic-fury-emerging-environmental-harm-and-risks-in-iran-and-the-region/.

Dezba Inspection (2026) La guerra en Medio Oriente dispara fertilizantes: la urea ya roza US$700. https://www.dezbainspection.com/la-guerra-en-medio-oriente-dispara-fertilizantes-la-urea-ya-roza-us700/

DW (2026) New York Times: EE.UU. lanzó el ataque contra escuela iraní. https://www.dw.com/es/new-york-times-eeuu-lanz%C3%B3-el-ataque-contra-escuela-iran%C3%AD/a-76313670

Edwards, Christian y Regan, Helen (2025) Israel hit Iran’s nuclear program and Iran hit back. Here’s what we know. CNN. https://edition.cnn.com/2025/06/13/middleeast/israel-attack-iran-nuclear-program-explainer-intl.

El Universo (2026) Bomba de tiempo en el Estrecho de Ormuz: el desastre que pueden ocasionar los 68 buques petroleros cargados con unos 16.000 millones de litros de crudo. https://www.eluniverso.com/estados-unidos/estilo-de-vida/bomba-de-tiempo-en-el-estrecho-de-ormuz-nota/

Felfel Mohamed (2025) The Silent Victim. Environmental Risks of the 12-Day War Between Israel and Iran. Center for the Future for Research and Advanced Studies. https://futureuae.com/2.tar/Mainpage/Item/10301/the-silent-victim-environmental-risks-of-the-12-day-war-between-israel-and-iran

France 24 (2025) Aire y aguas contaminadas: el precio ambiental de la guerra en Medio Oriente. https://www.france24.com/es/programas/medio-ambiente/20260313-aire-y-aguas-contaminadas-el-precio-ambiental-de-la-guerra-en-medio-oriente.

Gambrell, John y Lidman, Melanie (2025) Israel ataca instalaciones nucleares de Irán y mata a generales. Irán responde con misiles. Los Ángeles Times. https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2025-06-12/israel-ataca-instalaciones-nucleares-y-de-misiles-de-iran-y-mata-a-altos-funcionarios-militares.

Gayle, Damien (2026) ‘Severe water stress’: why desalination plants are the Gulf’s greatest weakness. The Guardian. https://www.theguardian.com/world/2026/mar/11/severe-water-stress-why-desalination-plants-are-gulf-greatest-weakness.

La Jornada (2026) Irán ataca con misiles 3 buques en el estrecho de Ormuz y 2 en Irak. https://www.jornada.com.mx/2026/03/12/mundo/023n1mun,

Matchett, Ginger (2026) Attacks on desalination plants in the Iran war forecast a dark future. Atlantic Council. https://www.atlanticcouncil.org/dispatches/attacks-on-desalination-plants-in-the-iran-war-forecast-a-dark-future/

Mercedes, Andrea (2026) La “lluvia negra” en Teherán: la nueva amenaza ambiental tras los bombardeos. Revista Mercado. https://revistamercado.do/money-invest/daily-news/la-lluvia-negra-en-teheran-la-nueva-amenaza-ambiental-tras-los-bombardeos/.

Montes de Oca, Ignacio (2026) El conflicto en Medio Oriente y el riesgo de una hambruna: fertilizantes en la mira. Pucara Defensa. https://www.pucara.org/post/el-conflicto-en-medio-oriente-y-el-riesgo-de-una-hambruna-fertilizantes-en-la-mira

Muller, Natalie (2026) Iran wa, r risks long-term toxic legacy for people and nature. DW. https://www.dw.com/en/iran-war-risks-long-term-toxic-legacy-for-people-and-nature-that-ripples-beyond-borders/a-76335587

Paranaense (2025) Guerra en Medio Oriente: su impacto ambiental y más crisis climática. https://paranaense.com.ar/guerra-en-medio-oriente-su-impacto-ambiental-y-mas-crisis-climatica/.

Prensa Mercosur (2026) Conflicto bélico en Irán amenaza ecosistemas del golfo Pérsico. https://prensamercosur.org/podcasts/.

Romero, Sofia (2026) Impacto ambiental de la construcción del B2 Spirit. PREZI. https://prezi.com/p/8ncrk6jp882w/impacto-ambiental-de-la-construccion-del-b-2-spirit/.

Ruiz, Roberto (2025) Así es el bombardero B-2 Spirit que han utilizado Estados Unidos y Trump para atacar las instalaciones nucleares de Irán. El Confidencial. https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2025-06-22/northrop-b2-spirit-bombarderos-estados-unidos-iran-1qrt_4156657/.

Soroshian, Armin (2026) In war-torn Iran, air pollution from burning oil depots and bombed buildings unleashes invisible health threats. The Concersation.https://theconversation.com/in-war-torn-iran-air-pollution-from-burning-oil-depots-and-bombed-buildings-unleashes-invisible-health-threats-278407.

Tamis, Fatma (2026) How the Iran war threatens global food supply. NPR. https://www.npr.org/2026/03/20/nx-s1-5750812/how-the-iran-war-threatens-global-food-supply.

UK Parliament (2025) Irán: Impactos de los ataques de Israel y Estados Unidos en junio de 2025. Informe de Investigación, Biblioteca de la Camra de los Comunes https://commonslibrary.parliament.uk/research-briefings/cbp-10292/