La gran muralla verde del África: ¿utopía regeneradora o espejismo del Sahel?

La muralla verde

En una época de crisis climática y ecológica, cuando las sequías y ciertas actividades humanas deterioran la fertilidad del suelo, provocan la pérdida de vegetación y se reduce la productividad de millones de hectáreas de tierra cada año, afectando a centenares de millones de personas en todo el mundo y generando enormes pérdidas anuales en ingresos agrícolas, han surgido muchos proyectos para reemplazar la vegetación perdida. En este sentido el más ambicioso hasta la fecha ha sido la Iniciativa de un gigantesco proyecto de reforestación conocido como la Gran Muralla Verde Panafricana.

En la década de 1970 comenzaron períodos persistentes de sequía en el Sahel, región situada al norte del África subsahariana, lo que motivó a líderes comunitarios y políticos a impulsar estrategias de reforestación y recuperación del ambiente en la región. En aquel entonces, se temía que el Sáhara se estuviera expandiendo y que pronto destruiría los denominados servicios ambientales esenciales del Sahel. En realidad, la reducción de la vegetación y la desertificación se debieron principalmente al uso excesivo y la mala gestión de las tierras cultivables. La deficiente gestión de la tierra, la deforestación desenfrenada y las sequías cada vez más frecuentes sumieron a millones de personas en la región en la inseguridad alimenta. Mientras la hambruna asolaba el Cuerno de África y muchos expertos reflexionaban sobre el equilibrio ecológico y la desertificación, la Unión Africana lanzó en 2007 el megaproyecto de la «Gran Muralla Verde» (GMV), que contemplaba la creación de un cinturón verde de árboles de más de 8.000 km de longitud y 15 km de ancho a lo largo del borde sur del desierto del Sáhara. La GMV buscaba restaurar 100 millones de hectáreas de tierra desde Senegal hasta Yibuti, a lo cual se agregaba Etiopía, para frenar la desertificación en 11 países y de esa manera proteger la agricultura y contribuir a la autosuficiencia alimentaria de la región. Se anunciaba también que de igual forma se combatiría el cambio climático capturando muchas decenas de millones de toneladas de carbono, se reducirían la migración forzada y la pobreza e incluso se combatirían el extremismo y la violencia política y social que campeaban en la zona en ese entonces (Herstgaard, 2011; Hidalgo, 2022).

Financiada por la Unión Europea, el Banco Mundial y las Naciones Unidas, la muralla se concibió inicialmente como una barrera vegetal a lo largo del Sahel que es una zona de transición eco climática entre el desierto del Sahara al norte y las sábanas tropicales del sur, y que comprende Senegal, Gambia, Mauritania, Guinea, Mali, Burkina Faso, Níger, Chad, Camerún y Nigeria. El Sahel, que reúne a algunos de los países más pobres de África, se caracteriza en términos generales (aunque ciertamente con diferencias entre cada país) por una debilidad económica estructural, recurrentes cambios políticos y situaciones sociales delicadas. Quienes diseñaron el proyecto de la GMV partieron de la consideración de que el Sahel, antaño exuberante, era altamente vulnerable a la degradación de la tierra. Cabe destacar que el Sahel tenía ya, al inicio del proyecto, una demografía altamente expansiva y que en la actualidad ronda los 94 millones de personas, con una de las poblaciones más jóvenes del mundo cerca del 65% es menor de 25 años); se proyecta que el crecimiento acelerado de la población hará que esta cifra triplique el número de habitantes para 2050 (Mora, 2024; Britannica, 2026).  Esto puede agravar la situación de estrés hídrico y climático si no se producen cambios significativos relativos a una cuádruple crisis política, social, económica y ambiental que aqueja al Sahel, a la que se suma la enorme explosión demográfica. 

La GGW ha sido promovida por defensores como un ejemplo paradigmático de las iniciativas de restauración de tierras que los gobiernos deberían impulsar argumentando que este emprendimiento aborda la inseguridad alimentaria y la pobreza, así como la degradación de la tierra y la pérdida de biodiversidad.  En sintonía con esta perspectiva, la GMV ha sido vista como un esfuerzo deseable por parte de varios países para participar en una labor de conservación conjunta que trascienda las fronteras multilaterales. Pero, a pesar de su ambición, ecologistas y científicos han levantado importantes observaciones y críticas sobre su diseño original. Entre ellas mencionamos: la imposibilidad ecológica en ciertas zonas, que refiere al hecho de que plantar árboles en áreas extremadamente secas es inviable porque los árboles requieren más agua de la que estas regiones pueden proveer naturalmente, lo que genera una alta tasa de mortalidad de los plantones; la pérdida de hábitats nativos motivado a que una franja uniforme de árboles exóticos podría destruir pastizales y sabanas naturales, ecosistemas fundamentales para la biodiversidad local y para el pastoreo del ganado de las comunidades indígenas.

Otra observación gruesa hecha al proyecto es su preocupante y severo retraso debido a los constantes conflictos geopolíticos, al terrorismo y sobre todo a la escasez y lentitud en la llegada de fondos internacionales, la falta de supervisión y la asignación inadecuada del apoyo técnico. El proyecto, auspiciado por la Unión Africana en 2007, nació con un potente respaldo internacional y un presupuesto prometido superior a. 20.000 millones de dólares. Sin embargo, los fondos se han quedado en los titulares. En 2020, la Gran Muralla Verde solo había avanzado en sus metas entre un 4% y un 15% respecto a la fecha prevista de finalización en 2030. Para 2020, se habían restaurado 18 millones de hectáreas de tierra, se habían creado 350 000 nuevos puestos de trabajo y se habían generado unos 90 millones de dólares en ingresos. Pero tras una inversión de más de 200 millones de dólares y pérdidas significativas, estos logros resultaron algo decepcionantes (Bove, 2021). Para 2022, se habían prometido más de 20 mil millones de dólares. Algunos ejemplos son los 4 mil millones de dólares anunciados en la Conferencia del Clima de París de 2015 y los 14.3 mil millones de dólares prometidos en la Cumbre “Un Planeta” de 2021, realizada en la misma ciudad, con el argumento de movilizar compromisos financieros, proteger la biodiversidad y acelerar la inversión climática (Sierra, 2021).

 Si bien las promesas hechas en cumbres mundiales sin duda acaparan titulares, no siempre se materializan. A menudo, solo una pequeña parte de los fondos prometidos llega a los países beneficiarios, y una fracción aún menor se utiliza realmente sobre el terreno. En 2020 una evaluación sobre la financiación de la Gran Muralla Verde, los países de la Gran Muralla Verde informaron haber recibido un total de solo 149 millones de dólares entre 2011 y 2019. De los 14.3 mil millones de dólares prometidos en 2021 en la Cumbre “Un Planeta” solo se habían desembolsado 2.5 mil millones de dólares para marzo de 2023. Durante la COP16 sobre desertificación, realizada en Riyad en 2024, se puso en claro que los objetivos de movilización de fondos, concretamente los 19.000 millones de dólares prometidos por los donantes (líderes mundiales, se estaban cumpliendo. Sin embargo, allí se hicieron importantes observaciones sobre malentendidos persistentes respecto a la asignación de estos fondos a proyectos dedicados exclusivamente a la Gran Muralla Verde, ya que estos se habían adoptado a nivel nacional sin que las agencias nacionales de la Gran Muralla Verde participaran en su implementación, diseño, evaluación y ni siquiera en su metodología;  en la COP 16 también hubo voces que denunciaron que los fondos prometidos no eran más que falsas promesas de índole puramente política. La ambiciosa iniciativa de la Gran Muralla Verde, al igual que muchas otras iniciativas para abordar las crisis climáticas en África, ha dependido pues en gran medida de la financiación externa y mucho menos de los fondos nacionales. Esto ha perjudicado su satisfactoria continuación (Kenné, 2025; Lake y Ndiaye, 2025).

Varios investigadores coinciden en que el desafío va más allá del dinero. Reclaman un sistema de seguimiento más eficaz, con indicadores basados en resultados reales y no en cifras de árboles plantados. También proponen aprovechar las nuevas tecnologías de observación satelital para evaluar los avances y premiar los logros verificables. Solo así, sostienen, la Gran Muralla Verde podrá dejar de ser una promesa simbólica para convertirse en un verdadero cinturón de vida frente al desierto. Investigaciones recientes de los últimos años revelaron que el impacto ecológico es limitado. Su análisis de imágenes satelitales revela en varios países que, sólo una pequeña fracción de las zonas reforestadas presenta un aumento real de vegetación. La mayoría de los árboles plantados no ha sobrevivido a la falta de agua, al pastoreo o al abandono de las infraestructuras de protección. Mientras que algunas naciones como Nigeria reportan avances significativos con millones de árboles plantados, otras, las más, han enfrentado graves retrocesos (Welcome Africa, 2025). Los pocos casos de éxito de la Gran Muralla Verde han sido aislados, lo que evidencia además la supervisión fragmentada y descoordinada del proyecto, pero estos ejemplos podrían ser decisivos para comprender cómo la iniciativa podría, en última instancia, generar enormes beneficios económicos, sociales y ambientales en el Sahel y más allá.

Entre algunos de los efectos positivos generados por el megaproyecto de la Gran Muralla Verde pueden citarse: la creación de viveros, la recolección de goma arábiga o la vigilancia de las zonas restauradas que generan empleos temporales y pequeños ingresos en comunidades rurales. Además, la GMV ha servido para impulsar el debate sobre la restauración de suelos y la adaptación al cambio climático en regiones, no solo de Africa, donde la desertificación amenaza los medios de vida de millones de personas. Las dificultades y estancamientos de la GMV también han ayudado a redescubrir prácticas agroforestales indígenas en la región que casi se habían perdido por completo. La gestión y la agricultura de tierras indígenas reciben poca financiación o acceso a la legislación, pero las áreas donde la tierra es principalmente propiedad de grupos indígenas tienden a ser sustancialmente más productivas, sostenibles y resilientes.

Mas allá de las promesas financieras hechas en la Cumbre “Un Planeta” de 2021, la ocasión sirvió para que se llegara a un punto de inflexión a partir el cual, en lugar de solo plantar árboles que requerían demasiada agua y morían, el proyecto comenzó a priorizar la recuperación de tierras áridas, la retención de agua y la agricultura. De esta forma la iniciativa pasó de ser simple un proyecto de reforestación, una línea de árboles, a un programa integral de restauración de paisajes con una red de prácticas de regeneración, gestión sostenible de la tierra con recursos locales y prácticas tradicionales de retención del agua como las medias lunas; para ello se conformó un organismo supervisor más cohesionado que se propone impulsar movimientos de base en toda la región; en lugar de plantar masivamente, los campesinos identifican y cuidan los brotes y raíces nativas que ya existen bajo el suelo. Con esta estrategia la GMV ha avanzado más desde entonces, logrando entre el 18% y el 30% de las metas fijadas para 2030, con una recuperación de entre 18 y 30 millones de hectáreas del total de 100 millones de hectáreas que se aspiran a recuperar (FIDA, 2024; Promise y Puentes, 2025; Daza, 2026; IMAGO, 2026).

Ahora se tiene claro que el Sahara no es un ente que ha “avanzado” sobre el Sahel por sí mismo, sino que se expande debido a la desertificación que consiste en la degradación de la tierra fértil en zonas áridas debido a factores tales como la sobrexplotación, la deforestación y la crisis climática (EIIR,2025). Se tiene conciencia también de que el desierto del Sahara cumple un papel muy importante en el equilibrio ambiental del planeta; su biodiversidad, historia climática y su conexión con los océanos lo hacen un ecosistema clave a escala global. Esto incluye, entre otras cosas, el hecho de que la arena del Sahara fertiliza el Océano Atlántico y la Amazonia (PERFIL, 2025). Además, se sabe que las poblaciones indígenas y tradicionales del Sahara como los tuaregs, los beduinos y los bereberes, mejor conocidos como amazighes, durante mucho tiempo hostigados por el colonialismo europeo, han desempeñado un rol crítico en este equilibrio; sus prácticas milenarias de pastoreo nómada sostenible, agricultura de oasis y rico conocimiento ecológico, han logrado preservar la frágil biodiversidad y frenar la desertificación (IPACC, SF; Tydecs y Hernández, 2023; Juanena, 2025). La decisión de cambiar de paradigma en el devenir de la GMV arroja importantes lecciones que podrían garantizar su feliz y adecuado término, así como el de proyectos similares en otras partes del mundo. En este sentido valen las siguientes consideraciones finales. Por un lado, la adopción del pago y comercio de “servicios ambientales” y los mercados de carbono convierten elementos vitales en activos financieros, mercantilizando la naturaleza y los medios de subsistencia. El concepto de servicios ambientales asume que la naturaleza solo tiene valor en función de su utilidad para el bienestar humano, despojándola de su valor intrínseco, siendo así una perspectiva antropocéntrica y reduccionista que intenta substituir hábitats naturales por “ecoinfraestructuras” que resultan ineficaces a la hora de medir y replicar la complejidad sistémica de los ecosistemas. El comercio de servicios ambientales tiende a ser un estímulo más para la expansión de las ecológicamente depredadoras plantaciones forestales de monocultivos, promovidas por algunas instituciones internacionales, gobiernos nacionales y corporaciones. Por otro lado, los derechos territoriales de las poblaciones indígenas, tradicionales y locales son un tema controvertido, con ramificaciones que van mucho más allá de la idea de agricultura sostenible y la gestión de la tierra, e involucran política, ventajas legales injustas basadas en la etnia, guerras culturales e incluso legados coloniales y postcoloniales. Por lo general, las tenencias de la tierra ancestrales no se consideran legalmente equivalentes a las que se pueden comprar en una subasta, y en el caso de la gestión de la tierra y la planificación agrícola, esto está generando pérdidas directas de capital, pérdida de eficiencia, degradación de la tierra y empeoramiento de las condiciones sociales. Involucrar a esas poblaciones de manera directa en el liderazgo y la toma de decisiones, y ampliar su acceso a los derechos sobre la tierra, son soluciones notablemente sencillas que tienen el potencial de lograr múltiples objetivos ambientales y sociales simultáneamente en proyectos de combate a la desertificación y de regeneración de ecosistemas.

Referencias.

Britannica (2026) Sahel. https://www.britannica.com/place/Sahel.

Daza, Antonio (2026) La Gran Muralla Verde. APORREA. https://www.aporrea.org/internacionales/a353135.html.

Elmusa, Sharif (2013) “The Ecological Bedouin: Toward Environmental Principles for the Arab Region / البدوي البيئي: نحو مبادئ بيئية للمنطقة العربية”. Alif: Journal of Comparative Poetics. No. 33, The Desert: Human Geography and Symbolic Economy / الصحراء: الجغرافيا الإنسانية والاقتصاد ﺍﻟﺮﻣﺰي‎ (2013), pp. 9-35. https://www.jstor.org/stable/24487180

FIDA (2024) Can Africa’s Great Green Wall still stop desertification? https://www.dw.com/en/can-africas-great-green-wall-still-stop-desertification/video-69459434.

Heerstgaard, Mark (2011) La “gran muralla verde” de África. Le Monde Diplomatique en español. https://mondiplo.com/la-gran-muralla-verde-de-africa.

Hidalgo García, María del Mar (2022) La Gran Muralla Verde: entre la esperanza y la realidad. Boletín IEEE (Instituto Español de Estudios Estratégicos),  Nº 25, 2022, pp. 417-42. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8494507.

IMAGO (2026)  La Gran Muralla Verde: el mega proyecto africano que planta árboles para frenar el Sahara. https://www.imago.com.ar/?id=28254.

IPACC (S.F) WHO ARE THE INDIGENOUS PEOPLES OF WEST AFRICA? https://www.ipacc.org.za/west-africa/.

Juanena, Coro (2025) Clima, colonialidad y re-existencia: los pueblos indígenas africanos frente al colapso ecológico. GALDE. https://www.galde.eu/es/clima-colonialidad-y-re-existencia-los-pueblos-indigenas-africanos-frente-al-colapso-ecologico/.

Kenné, Yannick (2025) Les promesses financières de la Grande Muraille Verte en Afrique aux antipodes des progrès écologiques sur le terrain. MONGABAY. https://fr.mongabay.com/2025/08/les-promesses-financieres-de-la-grande-muraille-verte-en-afrique-aux-antipodes-des-progres-ecologiques-sur-le-terrain/

Lake, Annah y Ndiaye, Amadou (2025) Africa’s Great Green Mirage? Assessing the disconnect between global finance and local implementation in Africa’s Great Green Wall. Science Direct. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0264837725002042.

Mora Tebas, Juan (2024)   DEMOGRAFÍA: MULTIPLICADOR DE RIESGOS EN EL SAHEL. CIDOB, Instituto Español de Estudios Estratégicos. https://www.cidob.org/sites/default/files/2024-10/27-38_JUAN%20A.%20MORA%20TEBAS.pdf.

PERFIL (2025) El rol clave de la arena del desierto del Sahara en la fertilización del océano Atlántico y el Amazonas. https://www.perfil.com/noticias/ciencia/la-arena-del-desierto-del-sahara-fertiliza-el-oceano-atlantico-y-el-amazonas-a30-por-su-composicion-de-minerales.phtml.

Promise, Eze y Puentes, Ana (2025) La Gran Muralla Verde para frenar la expansión del Sáhara avanza, pero se topa con la falta de fondos y la inseguridad en el Sahel. EL PAIS. https://elpais.com/planeta-futuro/2025-11-14/la-gran-muralla-verde-para-frenar-la-expansion-del-sahara-avanza-pero-se-topa-con-la-falta-de-fondos-y-la-inseguridad-en-el-sahel.html.

Sierra, Ivette (2021) Cumbre One Planet: nuevas metas para proteger la biodiversidad hacia el 2030. MONGABAY. https://es.mongabay.com/2021/01/cumbre-one-planet-biodiversidad/.

The European Institute for International Relations EIIR (2025) La crisis de desertificación del Sahel: ¿puede África contener la expansión del Sáhara sin apoyo internacional? https://eiir.eu/international-relations/africa/the-sahel-desertification-crisis-can-africa-contain-the-spread-of-the-sahara-without-international-support/.

Tydecs, Laura y Hernández, Juan Antonio (2023) Oases in the Sahara Desert–Linking biological and cultural diversity. PLOS. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0290304.

Welcome Africa (2025) https://welcomeafrica.org/la-gran-muralla-verde-africana-avanza-entre-promesas-incumplidas-y-resultados-minimos/.