Desde finales de 2025 y sobre todo durante las primeras semanas de 2026 una ola de protestas y enfrentamientos callejeros han sacudido a Irán. Una gran parte de lo que ocurre actualmente allí es desgraciadamente bastante familiar a la población iraní. No se trata de la primera revuelta, ni de la primera vez que el régimen de los ayatolas moviliza al conjunto de su aparato represivo: policía, fuerzas militares y paramilitares, notablemente los denominados “Guardianes de la Revolución” y las milicias bassidjis que son unidades voluntarias, subordinadas a la Guardia Revolucionaria y adoctrinadas ideológicamente y religiosamente, desplegadas específicamente para reprimir las protestas de calle. A partir del año 1999 en Irán se han suscitado continuas protestas, en su mayoría pacíficas, que van desde movilizaciones por la situación económica, manifestaciones estudiantiles aún más vigorosas en 2009, nuevas protestas por el deterioro de las condiciones económicas en 2017-2018, agitación por descontento electoral, hasta el movimiento “Mujer, Vida y Libertad” en protesta por el asesinato en custodia policial de la joven kurda Mahsa Amini y a favor de los derechos de las mujeres en 2022-2023 (Alvarez,2024; ECONOMIS, 2026; Plazas, 2026) En cada uno de esos casos el régimen clerical islámico ha respondido con represión y violencia. Pero, lejos de resolver los problemas, esta manera de actuar ha contribuido a la acumulación de la indignación pública y a un sentimiento de injusticia que se incrementa en toda la sociedad.
Ahora bien, lo que resulta novedoso es primeramente la rapidez de esta última escalada represiva; la policía, que inicialmente se mantuvo relativamente retirada de las acciones de descontento ciudadano, dio un brusco vuelco en su actitud hacia un enfrentamiento más directo y violento en contra de los manifestantes; el gobierno reaccionó también con un corte prolongado del acceso al servicio de internet, un bloqueo de las redes sociales y las líneas telefónicas en todo el país, y violentas medidas que han dejado un saldo de miles de heridos, miles de asesinados y otros muchos miles de arrestados, incluso se han anunciado ejecuciones públicas para escarmentar a los manifestantes. Organizaciones de defensa de los derechos humanos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han denunciado el uso desproporcionado de la fuerza que incluye el uso de armas de guerra, disparos con municiones reales, maltratos fuertes a manifestantes desarmados, palizas, torturas, así como detenciones de activistas y periodistas. La crueldad de las fuerzas de seguridad ha incluido procedimientos de terror en los barrios mediante el envío de sicarios para atentar contra las propiedades de las personas. (Rojas, 2026; Von Hein, 2026). Esto es una señal de que el régimen no está dispuesto a permitir la más mínima disidencia y, si lo considera necesario, está presto a morir matando.
Pero más significativo aún es el hecho de que lo que está en disputa en Irán no es la repetición de fases problemáticas anteriores, es el surgimiento de un embrión de nuevo tipo de movimiento social y político que incluye como algo fundamental la preocupación ecológica en un marco de mayor conciencia colectiva. La protesta no tiene hasta ahora un liderazgo reconocible y la oposición al régimen incluye desde monárquicos hasta feministas, pasando por reformistas, ambientalistas, estudiantes, comerciantes, muyahidines, trabajadores y partidos de las minorías kurdas y baluch, entre otros. Las manifestaciones ya no se circunscriben a ciudades y no se limitan a grupos sociales específicos, sino que se han extendido de forma simultánea a diversas regiones, involucrando a variados sectores de la sociedad. Los manifestantes iraníes de 2026 no luchan solo por el derecho a la alimentación, las libertades públicas, los derechos civiles y el cambio de régimen, sino también por el derecho a un ambiente sano, sostenible y vivible. Las manifestaciones que han surgido este año después de un largo período de cortes programados de agua y electricidad, una contaminación atmosférica mortal en las metrópolis, cierres en cadena de establecimientos escolares y comerciales, huelgas de los trabajadores petroleros y del gas, ya no pueden seguir explicándose únicamente, como lo han hecho diversos analistas, por factores tales como el alza desmesurada del dólar (en la que las sanciones internacionales han jugado un papel central), el encarecimiento extremo de bienes y servicios y el descontento hacia el sistema político (Illuminem, 2026; Noll, 2026). Esta vez se trata de una lucha por la vida. En realidad, lo que se ha visto en las últimas semanas en las calles, es la alianza de sectores medios que ven disuelto su porvenir económico con sectores populares que consideran que su sobrevivencia vital está amenazada por un territorio sometido a una depredación galopante y unos ecosistemas degradados y desertizados en alta medida.
Décadas de agotamiento de las fuentes de agua, construcción de represas y represión contra científicos y ambientalistas han empujado ese país hacia una crisis ecológica profunda que alimenta a las protestas que han remecido sus calles y asentamientos humanos. Las multitudinarias y estruendosas manifestaciones antigubernamentales que han estremecido tanto a las grandes ciudades como a las aldeas rurales, se atribuyen con razón a la cólera suscitada por el colapso económico y la feroz represión política. Pero como telón de fondo de los titulares de los medios de comunicación que hablan de devaluaciones monetarias, apagones y refriegas callejeras entre manifestantes y cuerpos de seguridad, se encuentra un propulsor de la disidencia más profundo y permanente: una degradación climática multiforme y una enorme calamidad ecológica que amenaza la existencia misma de la nación (Hassaniyan, 2025; Mitra, 2026; Pacte pour le climat, 2026; Speakman, 2026).
Irán es un país muy vulnerable a la crisis climática. Al tiempo que en el sur se registraron inundaciones catastróficas el año pasado y ahora sufre la sequía, la parte meridional ha experimentado desde hace tiempo una veloz alza de temperaturas, incendios forestales, sequías crónicas exacerbadas por una pésima gestión del agua y tormentas de polvo, que han conducido a una crisis hídrica profunda con escasez de agua y secamiento de lagos, como el caso del otrora mayor lago salado del mundo, hoy reducido a menos de 10% de su volumen (Danielan, 2025; The Globalist, 2025), una contaminación atmosférica creciente y una importante pérdida de biodiversidad, que han traído como consecuencias una precarización de la calidad del agua que deriva en un aumento de los casos de diarreas y enfermedades renales y afecciones respiratorias, decenas de miles de personas muertas, incluidos niños que mueren prematuramente, una creciente presión sobre los servicios urbanos que ya operan al límite, graves perturbaciones en la agricultura, migraciones forzadas de zonas rurales hacia ciudades y tensiones sociales que se expresan en injusticia ambiental y climática, opresión étnica, de género, de clase y una cada vez más profunda brecha que separa a la mayoría de la población de su casta dirigente. A esto se suma la política extraterritorial de sanciones y garrote esgrimida por el gobierno de Donald Trump en contra de Irán que participa también en el empobrecimiento del país (los costos de esas sanciones los han pagado de manera directa los sectores más depauperados y los sectores medios que se encuentran en proceso constante de reducción). En dos oportunidades, Trump ha amenazado con intervenir militarmente en Irán. Primero lo hizo como una advertencia si continuaba la represión. Luego se contuvo argumentando que esta había cesado, Y más recientemente volvió sobre las andadas como respuesta a la amenaza de su asesinato proveniente de Ali Jameini que lo acusa de instigar la revuelta. Como sea, no pareciera viable la suplantación del poderoso movimiento popular por una eventual, riesgosa y arbitraria intervención estadounidense. Hay que decir además que utilizar el pretexto de la amenaza externa para negar la violencia ejercida contra millones de seres humanos y negar el derecho a sublevarse contra ella es absolutamente condenable.
Muchos años de desestimar soberbiamente las advertencias hechas por científicos y grupos estudiantiles, de persecución a militantes ambientalistas e investigadores, de una planificación deficiente, de aprobación oficial al consumo excesivo de aguas subterráneas, a proyectos de “desarrollo” corrompidos que han creado sistemas de irrigación mal concebidos y han dejado grandes infraestructuras en ruinas y cuerpos de agua segados, de acaparamiento del agua por parte del sector agrícola que consume la mayor parte del agua del país de manera generalmente ineficaz y con destino a cultivos de exportación que no se adecuan a las condiciones agroecológicas y climáticas, del establecimiento en la meseta central de Irán de industrias de alto consumo de agua como fábricas de acero, poliacrílicos y plantas nucleares, de vigilancia inadecuada y soluciones cortoplacistas, y de monopolización de la data y el manejo de desastres por parte de los militares y las agencias de seguridad, han desatado una crisis extremadamente grave. El propio presidente Masoud Pezeshkian, líder formal del régimen subordinado al poder real del “Líder Supremo” ayatolá Ali Jameni, ha advertido sobre la necesidad eventual de abandonar la capital Teherán, que se hunde a medida que ceden los acuíferos desecados y se amplifica el estrés hídrico. En esa megalópolis y sus áreas periféricas la subsidencia ha alcanzado también las cercanías de refinerías, líneas ferroviarias, puentes y aeropuertos internacionales (Shayegan, 2025; Crespo, 2026). También ha afectado severamente a la histórica ciudad de Isafán y las praderas agrícolas. Por otro lado, la situación actual, marcada por una drástica perturbación de los patrones de lluvia y otoños muy secos, al cabo de 24 años consecutivos de declive de la pluviometría y aumento de la temperatura, ha llevado a las autoridades a tomar medidas de urgencia como nuevas perforaciones, campañas de reducción de consumo de agua doméstico y siembra de nubes que tienen un alcance limitado ante las dimensiones del problema hídrico; esto se complementa en una escala mayor con megaproyectos de desalinización y trasvases entre cuencas y desde el mar que pueden aliviar en parte la situación urbana e industrial, pero tienen fuertes impactos en los ecosistemas acuáticos. Transvases entre cuencas y desalinización, sin mayores resultados (Quintana, 2025; Ruiz Bass, 2025).
En lo que refiere a la contaminación atmosférica resalta el hecho de que, en el oeste y el sur, las zonas húmedas y los cuerpos de agua que se han secado se han convertido en vastas zonas de generación de polvo; en las grandes ciudades, la falta de carburantes limpios ha condicionado una combustión masiva basada en gasoil con un alto contenido de azufre en las centrales eléctricas y las fábricas. Durante los periodos de combustión de gasoil en las grandes ciudades las emisiones de dióxido de azufre, un gas tóxico, han aumentado de manera exponencial, así como las de ozono secundario (también tóxico), particularmente en invierno (Daftari, 2025; Chandelier, 2026). Pese a que Irán posee una de las mayores reservas de gas del planeta, el deterioro de las infraestructuras y la falta de inversiones han ocasionado un déficit importante en la provisión de ese combustible.
Ciertamente en todo esto pueden identificarse causas externas ligadas al calentamiento global, pero también de manera muy fuerte pesan las causas endógenas ligadas a la situación socio-ecológica interna y a la manera como un régimen despótico y los grupos sociales privilegiados asociados a él se apropian, gestionan y redistribuyen desigualmente los recursos naturales, fragilizando aún más el contrato social. La raíz de esta problemática no es principalmente técnica, aunque incluye algunas dificultades relativas a este aspecto, es socioambiental y se vincula en su esencia a cuestiones de derechos humanos y derechos ambientales con implicaciones políticas. También remite al estilo de vida hegemónico, configurado, tal y como ocurre en países vecinos y sobre todo en otras regiones de Africa, Asia y América Latina, en torno a un extractivismo depredador que pone los recursos naturales a disposición principalmente del interés económico y el mercado mundial, a expensas del equilibrio ecológico. La crisis es estructural y pone en evidencia la perdida de legitimidad de la República Islámica que ha derivado en un Estado policial y se muestra incompetente ante el desastre.
La situación, de aparente y muy probablemente engañoso control después de semanas de turbulencia, es compleja, volátil, con diferentes dimensiones que se entrecruzan y trascienden las fronteras complicando el ya convulso panorama internacional. A menos de un mes de las manifestaciones sigue el reto para el pueblo iraní de lograr un alivio en sus condiciones económicas y exigir un cambio democrático en la relación del Estado con sus ciudadanos. Pero también sigue en pie con mucha fuerza el desafío que expresa un malestar ecológico ante una vida que se ha vuelto insostenible e implica cambiar radicalmente las relaciones de esa sociedad con su medio natural. La crisis no es temporal ni luce reformable, es estructural e inseparable de la configuración societal, del sistema de poder existente y del modo de existencia en el territorio, todos ellos incompatibles con la naturaleza.
El estado de cosas puede empeorar pronto si no se empiezan a asumir una mayor capacidad organizativa, un refuerzo de la resistencia y la solidaridad nacional e internacional al margen de los hegemones globales, el diálogo democrático en la diferencia, la claridad en el destino compartido de luchas y la defensa de la vida y su entorno, la audacia, el sacrificio y la firmeza que requieren las impostergables transformaciones con soluciones socialmente justas basadas en la naturaleza.
Como Irán no está en un lugar aislado conviene considerar las interacciones y relaciones que mantiene con el resto del mundo en diferentes planos, pero en particular nos interesa destacar el entramado ambiental que lo vincula permanentemente con lo global, como ocurre con cualquier otro país o región. En este sentido queremos poner de relieve que en los últimos días, de manera casi simultánea, han ocurrido los siguientes fenómenos extremos: inundaciones récord y ráfagas de viento en Argelia, Libia y Túnez con un saldo de varias muertes, centenares de evacuados e importantes daños en infraestructuras (Notiamérica, 2026; SWI, 2026); pavorosos incendios forestales en Chile que han dejado decenas de fallecidos y más de 20.000 damnificados (Astier, 2026; Grattan, 2026); y una tormenta de nieve de una envergadura realmente gigantesca en la península de Khamchatka, Rusia, con víctimas humanas, edificaciones, vehículos e instalaciones de servicios completamente sepultadas, así como serios problemas de abastecimiento (CNN, 2026; Del Valle, 2026). Estas circunstancias, aunadas al alarmante anuncio que acaba de hacer el Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INVEH), según el cual la Tierra ha ingresado en un estado de bancarrota hídrica global que se está convirtiendo en causa de fragilidad, desplazamientos y conflicto (Álvarez, 2026; León, 2026), nos hablan de nuevo del intenso y creciente descalabro del sistema planetario, nos obligan a analizar de una manera más integral y profunda lo que acontece en el país de los persas. Nos toca señalar que el colapso ambiental de Irán, transversal a una crisis multidimensional, ilustra lo que, con grandes variantes y particularidades, puede ocurrir a escala planetaria en la medida en que la crisis climática y la crisis ecológica sigan avanzando como factores desestabilizadores, incidiendo y combinándose con problemas económicos, sociales, políticos y geopolíticos. En esa medida, el caos de Irán es un espejo en el que el mundo entero debe ver reflejado su futuro posible, pero todavía significativamente evitable.
Referencias
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Álvarez, Clemente (2026) El mundo entra en la era de la bancarrota hídrica global, según la ONU. EL PAIS. https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2026-01-20/el-mundo-entra-en-la-era-de-la-bancarrota-hidrica-global-segun-la-onu.html
Astier, Henri (2026) Las imágenes de los incendios en Chile que dejan al menos 20 muertos y por los que se declaró el estado de catástrofe. BBC NEWS mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c74vjn934rpo.
Chandelier, Alain (2026) Irán estalla: cuando la crisis climática convierte la protesta en una lucha por existir. https://es.euronews.com/green/2026/01/14/iran-estalla-cuando-la-crisis-climatica-convierte-la-protesta-en-una-lucha-por-existir.
CNN (2026) Nevada récord atrapa a habitantes del oriente de Rusia https://cnnespanol.cnn.com/2026/01/21/mundo/video/nevada-record-rusia-trax.
Crespo, José (2026) Teherán se hunde: literal. La Paseata. https://lapaseata.net/2026/01/15/teheran-se-hunde/
Daftari, Amir (2025) Deadly Crises Push Iran to the Brink. Newsweek. https://www.newsweek.com/deadly-environmental-crises-iran-tehran-pollution-smog-11087744
Del Valle, Luis (2026) Nieve sin freno en Rusia: Kamchatka bajo met ros de hielo. MIDIARIO.com https://www.midiario.com/mundo/nieve-sin-freno-en-rusia-kamchatka-bajo-metros-de-hielo/
ECONOMIS (2026) Por qué las protestas en Irán que ya han dejado “miles de muertos” no tienen precedentes. https://economis.com.ar/protestas-en-iran-no-tienen-precedentes/https://economis.com.ar/protestas-en-iran-no-tienen-precedentes/
Grattan, Steven (2026) Por qué los incendios forestales en Chile se propagan más rápido y arden con mayor intensidad. Los Ángeles Times. https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2026-01-22/por-que-los-incendios-forestales-en-chile-se-propagan-mas-rapido-y-arden-con-mayor-intensidad.
Hassaniyan, Allan (2025) “Environmental Injustice in Iran’s Peripheral Regions” Current History 124 (866): 348–353. University of California Press. https://online.ucpress.edu/currenthistory/articleabstract/124/866/348/214196/Envirnmental-Injustice-in-Iran-s-Peripheral?redirectedFrom=fulltext
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León, Mariela (2026) El agua del Planeta entra en quiebra advierte la ONU. Cambio 16. https://www.cambio16.com/inicia-una-era-de-bancarrota-hidrica-mundial-segun-la-onu/.
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