El año 2025 concluye con un balance preocupante en materia ambiental. Mientras diversos informes e indicadores científicos señalan que hemos cruzado umbrales de no retorno, la diplomacia internacional parece haber agotado su modelo de consenso basado en acciones no vinculantes; prueba de ello fue la COP30. Esta situación evidencia la profunda brecha entre la celeridad de la degradación ecológica y la lentitud de las respuestas políticas necesarias para abordar la crisis climática.
Un año crítico
En 2025, la ciencia fue categórica. Uno de los puntos de mayor vulnerabilidad son los arrecifes de coral. Según el Informe de Puntos de Inflexión Globales, estos ecosistemas han sobrepasado su límite de resiliencia, lo que pone en riesgo la protección de las costas y la seguridad alimentaria de millones de personas.
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A esto se suma el alarmante reporte de BioScience, que describe a la Tierra como un «planeta al borde del abismo». Los datos respaldan esta afirmación: la acidificación de los océanos ha alcanzado un nuevo récord histórico. La alteración en la química del agua marina está ocurriendo a una velocidad que supera la capacidad de adaptación de múltiples especies, amenazando la estabilidad de toda la cadena trófica.
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La decepción de la COP30
A pesar de las expectativas depositadas en la cumbre de Belém, el balance de la COP30 ha sido decepcionante. La incapacidad de los Estados para acordar una ruta vinculante y urgente para el abandono de los combustibles fósiles, precisamente en el corazón de la Amazonía, demostró una desconexión crítica entre la urgencia climática y los intereses económicos. En definitiva, fue una cumbre de grandes discursos, pero de escasos compromisos obligatorios.
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Eventos climáticos extremos
El 2025 estuvo marcado por numerosos eventos climáticos extremos a escala global. Entre ellos, destacan los incendios de Palisades y Eaton en el sur de California durante el mes de enero, los cuales destruyeron más de 16,000 estructuras y generaron daños estimados en 60,000 millones de dólares.
Por su parte, España y Portugal registraron su temporada de incendios más severa en tres décadas. Tan solo en España, la superficie calcinada superó las 383,000 hectáreas.
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El año también se caracterizó por inundaciones de gran magnitud. En la provincia de Guizhou, al suroeste de China, las intensas precipitaciones obligaron a la evacuación de 80,000 personas.
Asimismo, en Argentina, la ciudad de Bahía Blanca sufrió un evento crítico en marzo de 2025: cayeron aproximadamente 400 milímetros de lluvia, volumen equivalente al promedio de todo un año. Este fenómeno provocó inundaciones que resultaron en víctimas fatales y personas desaparecidas.
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Hitos históricos
Pese al panorama desalentador, el 2025 marcó un cambio de paradigma hacia la obligatoriedad legal, dejando avances históricos en el terreno jurídico.
En un hito sin precedentes, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió un dictamen que clarifica las obligaciones de los Estados. La protección del clima ha dejado de ser una aspiración voluntaria; ahora es una responsabilidad legal bajo el derecho internacional, lo que faculta a la ciudadanía para demandar ante la inacción estatal.
Por su parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) declaró que vivir en un medio ambiente sano es un derecho humano fundamental. Este reconocimiento permite que la protección ambiental sea exigible como un derecho básico e inalienable.
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Tras años de estancamiento, finalmente se ratificó el Tratado de Alta Mar. Este acuerdo permitirá proteger áreas oceánicas que, al no pertenecer a ninguna jurisdicción nacional, sufrían las consecuencias de la pesca excesiva y la contaminación sin control.
2026: El año de la implementación
El gran desafío para 2026 será traducir estos marcos jurídicos de la CIJ y la CorteIDH en acciones reales. Los gobiernos ya no podrán escudarse en la ambigüedad de las promesas diplomáticas. En este 2026, la sociedad civil global seguirá exigiendo lo que ya es un clamor unánime: políticas climáticas que estén, por fin, a la altura de la emergencia que atraviesa el planeta.