Trumpismo, tecnocracia, depredación y ambiente

Contaminación ambiental. Fuente: UBP

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El saqueo estatal-corporativo de la naturaleza a escala mundial es un fenómeno contemporáneo (pero con raíces que datan de la expansión colonial iniciada en el siglo XVI) de explotación desenfrenada, impulsado por una demanda creciente de recursos naturales, la construcción masiva de infraestructuras y  modos de producción y consumo que alimentan la crisis climática, provocan la destrucción de vastos ecosistemas, deforestación masiva,  pérdida de biodiversidad, serios problemas socioeconómicos y el incremento de diversas desigualdades, exacerbados todos por prácticas ilegales, corrupción y un extractivismo desbocado.  La mayor parte de esos recursos naturales, sean minerales, energéticos, forestales, agrícolas, de pesquería, hídricos o especies salvajes de flora y fauna, provienen principalmente de países y regiones en América Latina, África y Asia, en los que tienden a imperar formas coercitivas y autoritarias de organización sociopolítica, golpes de Estado, violación de derechos humanos, precarias condiciones laborales, dependencia, conflictos armados, violentas intervenciones foráneas y tutelajes neocoloniales más o menos disimulados. A este cuadro, al tiempo que la extracción de biomasa, combustibles fósiles, metales y minerales de todo tipo se acelera exponencialmente, se agregan procesos de ventas ilícitas de petróleo, oro, diamantes, minerales estratégicos, y madera que generan más ganancias que el tráfico de drogas y seres humanos. Las corporaciones, que son herederas de la conquista colonial, redefinen sus sistemas de dominación en colusión con Estados muy poderosos como los Estados Unidos, China, Rusia y otros en Europa que compiten entre sí, y en ocasiones promueven verdaderos neovirreinatos en un complejo entramado de flujos financieros, comercio internacional, grandes inversiones, innovaciones tecnológicas y apuestas geopolíticas. En correspondencia con esta situación el gobierno de Donald Trump, en su afán de conservar la hegemonía global que requiere asegurarse de una creciente provisión de recursos necesarios para su industria y aparato militar, ha tomado decisiones, anunciado y llevado a cabo acciones que, en opinión de no pocos, desestabilizan aún más el ya perturbado equilibrio mundial y la propia realidad interna de los Estados Unidos, con consecuencias que además son nefastas para el ambiente.

En su primera presidencia Trump dejó un legado antiecológico marcadamente inquietante: retiró a los Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el clima, fragmentó, anuló o disminuyó 125 reglas y políticas ambientales. La abrogación de regulaciones para limitar la contaminación durante su mandato fue causa de decenas de miles de muertes en los Estados Unidos (Gudynas; 2021; Reinoso, Grettel, 2021; Maille,2021). En lo que va de su segundo mandato, la situación ha empeorado significativamente (Panelles, 2026).

Hemos asistido recientemente a una dramática e hiperagresiva reafirmación expansionista por parte de Donald Trump, con la explícita confesión de sus intenciones de controlar  su “zona de influencia” continental y hemisférica (y, hasta donde cree que puede, mundial), así como de apropiación de recursos tales como el petróleo, el gas y las tierras raras, señalando por ahora  entre sus objetivos de anexión y conquista al Canal de Panamá, Canadá, Groenlandia, luego Venezuela (en este último caso con las consecuencias inmediatas ya conocidas, y cuyas complejidades y derivaciones internas a corto, mediano y largo plazo no abordamos en este artículo). Más adelante se han agregado a la lista México, Cuba y Colombia. Con este propósito la Casa Blanca y los oligarcas de Silicon Valley han establecido una alianza que busca apropiarse de más recursos en varios continentes y ganarle la carrera tecnológica a China, confrontación que no solo involucra investigación científica e innovación tecnológica, sino también disputa geopolítica y geoeconómica intensa. Esa élite tecnocrática, conocida popularmente como los Tech Bros, que escogió apoyar a Trump en la contienda presidencial y después ha obtenido desregulaciones masivas, un verdadero golpe de acelerador contaminante en materia de producción de energía, de puestos en la administración pública y mercados también públicos. Se trata de una inversión muy lucrativa, apenas empañada por la riña personal ocurrida entre el mandatario republicano y Elon Musk, dueño de Tesla, quien llegó a formar parte brevemente del gabinete ejecutivo (aunque últimamente se aprecian signos de acercamiento entre ambos).

Una oscura trama de poder amparada por Trump

Si la industria de los magnates tecnológicos no tiene de que preocuparse en lo que concierne a las políticas puestas en práctica por Trump, es también porque ella ha sabido invertir en los engranajes de su gobierno decidiéndose al asalto de la administración federal, ocupando puestos de reguladores para desregular y construyendo un extenso entramado de poder. Señalemos aquí que la filipina María Ressa, ganadora del premio Nobel de la Paz 2021, ha acusado a magnates tecnológicos como Elon Musk y Mark Zuckerberg de ser verdaderos dictadores (Armero, 2024).

El primer aliado de los Tech Bros de Silicon Valley es el Vice-presidente J.D. Vance, cuyo mentor Peter Thiel, importante contratista del Pentágono, financió sus primeras campañas políticas y las de otros candidatos trumpistas. Thiel actúa en función del desmoronamiento de la república y su sustitución por monarquías Nrx (neoreacción oscura), un modelo de sociedad que abarca ciudades-estados tecnológicas, sistemas que privatizan el Estado y monarquías tecnofeudales con una gobernanza tecnocrática y un líder supremo. Vance ha trabajado para Mithril Capital, que es el fondo de capital de riesgo de Thiel. Luego, con el apoyo de Marc Andreessen y otros, fundó su propia sociedad (Caro, 2023; Fanjul, 2024). Vance ha prometido reducir los impuestos, las reglamentaciones y el costo de la energía   a grupos de líderes del sector tecnológico cercanos a Andreessen y Horowitz.

En la sede del ejecutivo, el zar de la IA y las criptomonedas es David Sacks, antiguo propietario de Paypal y cofundador de Palantir conjuntamente con Peter Thiel; su consejero para la IA es Sriram Krishnan, socio de Andreessen y Horowitz. Al frente de la política científica y tecnológica esta Michael Kratsios quien trabajó anteriormente para sociedades de inversión de Peter Thiel (principalmente Clarium Capital) y formó parte de la primera administración de Donald Trump. Varios otros altos responsables de la administración actual estuvieron en la sociedad Palantir de Peter Thiel y David Sacks, entre ellos figuran Jacob Helberg (Subsecretario de Crecimiento Económico, Energía y Ambiente), Clark Minor (DirectorTécnico del Departamento de Salud y Servicios Sociales) y Gregory Barbaccia (Director Federal de Información de la Casa Blanca) (Ingram, 2024).

A decir verdad, las entradas y salidas entre el sector privado y el gobierno no son ninguna novedad en los Estados Unidos, ni tampoco conciernen únicamente al sector de las tecnológicas. Sin embargo, en esta segunda presidencia de Donald Trump, esa interpenetración ha tomado una nueva dimensión con la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, siglas en inglés), inicialmente dirigido por Elon Musk quien se benefició mediáticamente. El DOGE se ha aprovechado a su vez del apoyo voluntario de inversionistas como Marc Andreessen y Antonio Gracias, y ha reclutado decenas de personas ligadas a los mil millonarios de la tecnología y del capital-riesgo que estuvieron en Palantir, Space X, etc. Una parte de ellos permaneció en sus cargos luego de la salida de Musk (The New York Times, 2025). La creación del DOGE refleja la alineación de los líderes de las tecnológicas con la ideología “libertaria” y conservadora de una gran parte del entorno de Trump. El objetivo fijado es el de podar drásticamente en la administración federal, cerrar agencias y licenciar en gran cantidad para reducir el gasto público (corolario de la reducción de impuestos). Pero además se trata de suprimir las regulaciones relativas a los asuntos ambientales, climáticos, de equidad e igualdad.

En el discurso de Donald Trump hay quienes identifican componentes provenientes de la Doctrina Monroe, pero también reverberaciones de un movimiento surgido en los años treinta del siglo pasado que se conoció como el movimiento “tecnocrático” que defendía la expansión de los Estados Unidos a la vez hacia el norte y hacia el sur. Hacia el norte incluía a Canadá, pero contrariamente a la Doctrina Monroe, no englobaba a toda América Latina, sino que sus pretensiones llegaban desde México hasta el norte de la América del Sur, donde están Venezuela y Colombia.  Así pues, ese proyecto autodenominado tecnocrático planteaba la necesidad de constituir una vasta entidad territorial, Technate, al mando de los Estados Unidos con el supuesto fin de asegurar la defensa y la autosuficiencia de esa gran porción del continente americano (Getahun, 2023; Lamarnac, 2026). Ese movimiento fue fundado por el ingeniero Howard Scott en 1920 con la Technical Alliance que luego pasó a ser la Energy Survey of North America en 1932 y un año más tarde la Technocracy Inc. Su punto de partida era la hostilidad hacia los políticos supuestamente incompetentes a los que la democracia representativa permitía asumir el poder. En 1940 Scott delineaba en el mapa el “technat norteamericano” compuesto por un conjunto de regiones que coinciden con las que hoy en día Donald Trump proclama que deben someterse de una manera u otra al control de los Estados Unidos y al suyo personal. En su opinión y la de sus seguidores que llegaron a sumar 250.000 personas, debía crearse una nueva sociedad dirigida solo por expertos técnicos (ingenieros, científicos, etc.) capaces de asegurar la prosperidad. En este sentido el poder debía atribuirse a las competencias. Las decisiones sociales no debían tomarse de acuerdo a posicionamientos ideológicos, reacciones emocionales ni a regímenes corrompidos para servir a intereses personales. Por el contrario, debían basarse en criterios objetivos, medibles, cuantificables, científicos, siguiendo lógicas de eficacia y optimización. Según ellos la organización socioeconómica imperante era mala y debía ser cambiada racionalizando la economía. Los tecnócratas de Scott rechazaban el dinero, aduciendo que falseaba la economía y hacía imposible una producción optimizada y ajustada a las capacidades reales en materia de recursos naturales. Un dato interesante: el abuelo materno de Elon Musk, Joshua Haldeman, quien vivió en Saskatchewan (Canadá), fue un ferviente partidario de Scott y de la anexión de Canadá a los Estados Unidos, llegando a convertirse en un líder de la organización; Haldeman fue arrestado en 1940 porque su organización fue considerada subversiva y contraria al esfuerzo de guerra contra Alemania, al ser liberado emigró a Africa del Sur donde nació su nieto Elon.  Hoy en día, Elon Musk, conjuntamente con otras figuras relevantes de Silicon Valley, ha influido en las ideas anexionistas de Trump y en algunas políticas que pudieran catalogarse de tecnocráticas.

 Elon Musk, Jeff Bezos y Bill Gates han expresado públicamente la necesidad de iniciar proyectos mineros de tierras raras en Groenlandia con miras a asegurar el dominio tecnológico y militar de los Estados Unidos ante China y Rusia (Moyniham, 2025). Mas aún, Peter Thiel, mencionado antes como socio de Musk, se ha mostrado partidario de tener “una gran colonia tecnocrática” en esa isla perteneciente a Dinamarca (Luises, 2026).

 Los Tech Bros también han convencido a Trump de abandonar la moneda tradicional y sustituirla por la digital, afirmando también que los Estados Unidos deben convertirse en un “Estado digital (Simpere,2025, Taillat, 2025). Elon Musk no ha denunciado abiertamente a la democracia liberal, pero considera que los regímenes representativos han devenido en burocracias asfixiantes que parasitan la economía.

Ciertamente, no puede establecerse un paralelismo absoluto entre el trumpismo y la tecnocracia de Howard Scott. La gente del movimiento tecnocrático detestaba a los políticos y Donald Trump ha manifestado una y otra vez su desprecio por la casta política estadounidense, pero él mismo es un político, para más señas un político populista de extrema derecha. En tanto que jefe de Estado, gobierna en gran medida con base en emociones y no con criterios racionales, y ha usado su poder en el Estado para enriquecerse. Además, el desdén con el que se refiere y actúa con respecto a las élites intelectuales y científicas es más que evidente. El propio Elon Musk no es un tecnócrata en el sentido de Scott, ya que es dueño de tecnológicas, pero nunca ha creado las tecnologías que lo han enriquecido, a esto se agrega que su enfoque comercial está firmemente anclado en la idea del libre mercado. No obstante, con Trump en la presidencia estadounidense ciertas ideas del tecnocratismo de Scott han tomado cuerpo en el accionar económico, político y geopolítico del gobierno de los Estados Unidos.

Concesiones antiecológicas e impronta insostenible de los Tech Bross

Como ejemplo de los beneficios obtenidos por los Tech Bros de Silicon Valley citemos el hecho de que, desde el 20 de enero de 2025, inmediatamente después de su juramentación como presidente nuevamente electo, Trump revocó un decreto firmado por Joe Biden en 2023 que buscaba promover el uso responsable y ético de la Inteligencia Artificial IA y a minimizar los riesgos para los consumidores, los trabajadores y la seguridad nacional. Esto constituyó un verdadero retroceso para la transparencia y la protección de la vida privada, pero un tanto a favor de los inversionistas de riesgo de la tecnología. Dicho sea de paso, pues nos remite a un aspecto central que también abordamos en este escrito, bien es sabido que la IA ejerce un impacto ambiental negativo muy significativo debido al enorme consumo de agua y energía (miles de megawattios/hora) de los centros de datos para entrenar modelos que usan electricidad proveniente mayormente de combustibles fósiles y por la extracción de materiales para el hardware, resultando en ello mucha contaminación y emisiones de grandes volúmenes de CO₂.  El temor de los oligarcas tecnocráticos de toparse con un cuello de botella en materia de suministro de energía que obstaculice el desarrollo de su producción, teniendo en cuenta que las leyes y normativas de protección ambiental y de combate a la crisis climática restringen las capacidades de producción (lo que también afecta los intereses de la industria de los combustibles fósiles), se desvaneció apenas Donald Trump asumió funciones de su segundo mandato.  Trump ha recompensado a ese sector y al lobby petrolero que financiaron generosamente su campaña electoral decretando la “urgencia energética” y enterrando la lucha contra la desregulación climática. También ha adoptado una serie de decretos para facilitar la construcción de centrales nucleares, eliminado ciertas reglas de seguridad que él ha calificado de “irracionales”. La Casa Blanca ha expresado que garantizar una energía abundante reviste un interés vital para la seguridad nacional y económica, y que, asociada a la producción nacional de combustibles fósiles, la energía nuclear puede liberar a los Estados Unidos de su dependencia de sus rivales geopolíticos, al tiempo que puede alimentar no solo a las industrias manufactureras tradicionales, sino también a sectores de punta energívoros como la IA y la informática cuántica. (Moreno, 2025; Taft, 2025; The American Presidency Project, 2025).

Otro ejemplo de medidas del gobierno de Trump que favorecen altamente a los Tech Bros fue el del desmantelamiento de la unidad especial de la Secretaría de Justicia creada por la administración Biden contra el abuso en el sector de las criptomonedas y, en particular, el blanqueamiento de dinero en esas plataformas. El argumento para tomar esa decisión mediante un decreto se basó en el interés explícito de reforzar el liderazgo estadounidense en el dominio de la tecnología financiera numérica, ordenando a los entes de finanzas y justicia, y a todas las agencias federales, reevaluar sus regulaciones relativas a las criptomonedas para modificarlas o simplemente abrogarlas. Ese mismo decreto prevé la creación de una reserva nacional de activos financieros numéricos. Vale señalar aquí que las criptomonedas, particularmente el Bitcoin, también tienen impactos ambientales muy perjudiciales dados, su alto consumo energético para la minería, la generación de una gran huella de carbono y contaminación por residuos electrónicos, consumiendo recursos hídricos y tensando redes eléctricas (Peirano, 2025). En lo que respecta al carbón, el petróleo y el gas, la administración Trump ha acelerado los procedimientos de examen de permisos de extracción. Igual ha abierto la explotación de zonas anteriormente protegidas como parques nacionales y las tierras vírgenes de Alaska (Marín, Rossana 2025).

La llamada “urgencia energética nacional” también ha sido invocada, por ejemplo, para que el marco de un renovado impulso a las actividades mineras, prolongar la explotación de una mina de carbón en Michigan favoreciendo a empresas de producción de gas de esquisto; argumentando que se trata de evitar apagones en caso de una alta demanda de energía; se sabe que el estado de Michigan no hace frente a ninguna amenaza de penuria energética en la actualidad, pero que se tiene pensado construir nuevos centros de datos en ese estado. (Wiseman, 2025). Sea como sea, el gobierno de Estados Unidos ha asegurado a los inversionistas tecnológicos que sus masivas necesidades de electricidad tienen absoluta prioridad  sobre la problemática del clima. 

La ideología o más bien el coctel de ideologías que identifican a los Tech Bros  luce en buena parte extraño, pero su peligrosidad radica en que sus líderes y voceros poseen un importante poder económico y tienen una creciente incidencia política en la nación que, a pesar de su declive, es la más poderosa del mundo. En virtud de ello, están prestos a causar problemas sociales agudos, hacer colapsar a gobiernos y países enteros, y devastar el ambiente en los Estados Unidos y fuera de ellos. La incesante demanda de piezas y gadgets electrónicos de Silicon Valley tiene implicaciones ambientales muy severas. La extracción de recursos que las tecnológicas allí radicadas necesitan para procesos de manufactura conduce a la degradación de importantes ecosistemas con una huella de carbono muy marcada.  A esto se suma la disposición de desechos peligrosos en el agua y el suelo.

Por otro lado, los Tech Bros han promovido la idea de falsas soluciones tecnológicas a la crisis climática (crisis que por cierto Trump niega) con proyectos de geoingeniería francamente delirantes. Grandes empresas como Apple, Microsoft, Amazon y Meta utilizan su poderosa maquinaria de relaciones públicas para pregonar sus supuestas credenciales ecológicas y promocionar la IA como herramienta para obtener la sostenibilidad, siendo que el uso de la IA, además de requerir una elevadísima demanda de agua y energía y generar desechos contaminantes, tiene como objetivo principal actual a la publicidad, lo que tiende a incrementar el consumo excesivo con una consecuente degradación ambiental. En última instancia estos tecnócratas ven la posibilidad de un colapso sistémico global como una circunstancia conveniente para el desarrollo de enclaves neo-feudales, alejados de impactos ambientales catastróficos, para protegerse y consolidar su riqueza al margen de la mayoría de la población. Incluso algunos de ellos se han atrevido a proponer la colonización de otros planetas para escapar de un posible cataclismo ecológico planetario.

A modo de cierre

Los tecnócratas asociados al trumpismo han consolidado su poder y han creado una nueva clase billonaria que obra en función de sus propios intereses y en contra del equilibrio ecológico, las grandes mayorías estadounidenses y del mundo entero. En la crisis sistémica que atraviesa al planeta están alineados con los problemas y no con las soluciones. Su persistente promoción de modelos autoritarios centrados en la eficiencia y el crecimiento económico que explota desmesuradamente e instrumentaliza a la naturaleza, haciendo caso omiso de sus límites y el valor intrínseco de los ecosistemas, se basa en una visión ferozmente antropocéntrica y etnocéntrica, social y culturalmente excluyente, y una racionalidad reductora que prioriza la técnica y la acumulación de riqueza sobre la vida.

Ante esta situación conviene recordar que los seres humanos somos mucho más que fuerza de trabajo y consumidores, no estamos predestinados a ser esclavos de una tecnología que coloniza mentes y comportamientos humanos, que opera de conformidad con la codicia y la ambición de poder que va más allá de las fronteras. Podemos y debemos ser verdaderos ciudadanos que, con articulaciones multiescalares locales, nacionales e internacionales, encuadren y orienten democráticamente la tecnología fuera del paradigma homogéneo y unidimensional en el que los tecnócratas la han encasillado. Es necesario el desmontaje del argumento según el cual todo lo que es técnicamente realizable es automáticamente admisible. Nos toca dar aliento a otras visiones, otras políticas, otra educación, otras tecnologías, otros estilos de vida, más equilibrados, que nos permitan una existencia más digna y menos sufriente… ardua, pero urgente tarea en estos convulsos y peligrosos momentos del acontecer humano en el mundo.

Referencias

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Caro Morente, Jaime (2023) “The Silicon (Valley) Doctrine. Las ideologías de las Big-Tech”. El Viejo Topo https://www.elviejotopo.com/topoexpress/the-silicon-valley-doctrine-las-ideologias-de-las-big-tech/

Fanjul, Sergio (2024) “NRx: el movimiento (subterráneo) que quiere cargarse la democracia” EL PAIS. https://elpais.com/ideas/2024-11-24/nrx-el-movimiento-subterraneo-que-quiere-cargarse-la-democracia.html.

Getahun,Hanna (2023) “El abuelo de Elon Musk pertenecía a un partido político que creía que el mundo debía ser gobernado por la tecnología. Los periódicos de la época lo describieron como «el tono de un movimiento fascista incipiente». BUSINESS INSIDER https://www.businessinsider.com/who-was-elon-musk-grandfather-joshua-haldeman-technocracy-incorporated-party-2023-9

Gudynas, Eduardo (2021) El dramático legado ambiental de Trump”. Acción y Reacción. https://accionyreaccion.com/el-dramatico-legado-ambiental-de-trump/

Ingram, David (2024) “Mapping Trump’s connections to tech’s right-wing brotherhood” https://www.nbcnews.com/tech/tech-news/mapping-trumps-connections-techs-right-wing-brotherhood-rcna180693.

Lamarnac-Matheron, Octave (2026) Venezuela, Groenland : Trump est-il en train de réaliser le projet géopolitique de “Technate” ?. PHILOSOPHIE Magazine. https://www.philomag.com/articles/venezuela-groenland-trump-est-il-en-train-de-realiser-le-projet-geopolitique-de-technate

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