El ojo con niebla: Sobre el documental ambientalista y el caso Venezuela

Imagen documental Venezuela-Petroleum Company
Imagen documental Venezuela Petroleum. 2002

Desde el Observatorio de Ecología Política de Venezuela, lamentamos la partida del sociólogo, cineasta y documentalista Marc Villá. Extendemos nuestras condolencias y resaltamos de Marc su preocupación ambientalista. A continuación compartimos su artículo «El ojo con niebla: Sobre el documental ambientalista y el caso Venezuela»

 

Por: Marc Villa

No. 1 Revista Territorios Comunes

El cine, en especial el documental, no ha sido ajeno al tema ambiental. Desde su origen, con Nanook de Robert Flaherty (1922), no lo ha abandonado, pero es a partir de los años 70 que el cine documental de corte ambientalista experimenta un crecimiento exponencial, gigantesco hasta el día de hoy, producto principalmente de las luchas y resistencias ambientales de los activistas, la presencia de las ONGs en su sospechoso accionar y las masivas series de TV, como las de Sir Richard Atteborugh (desde 1983)  o la de Cosmos de Carl Sagan (1980).

El tema ambiental y social es esgrimido en múltiples instancias, desde las superproducciones hasta los documentales militantes o los derivados de la producción independiente. Las temáticas varían según los puntos de vista e intereses: retratos de la vida silvestre (manipulados en una gran proporción por intenciones antropológicas, políticas y corporativas) y documentales ambientalistas de distintos cuños, que manifiestan denuncia, reflexión y, a veces, alternativas.

Los documentales ambientalistas, apartando el tema de la vida silvestre, han tocado diversos asuntos: la contaminación del agua de mares y ríos; la escasez y transformación genética de los alimentos; el uso excesivo de recursos no renovables como el petróleo y el gas; la tala indiscriminada de árboles; el extractivismo minero impulsado por gobiernos y ejecutado por corporaciones; el incremento de los desechos sólidos como consecuencia de un consumismo voraz;  la eliminación cultural y física principalmente de pueblos indígenas  expresada en vergüenza de ser, desalojos y represión ; el crecimiento de la población y el aumento de la pobreza. Estos asuntos son tocados al lado de propuestas de creación y construcción de alternativas energéticas, recomendaciones de estímulo a la diversidad cultural como valor, creación de bancos de semillas, y registro de manifestaciones y luchas que surgen a partir de paradigmas de vida que resisten a procesos adversos impulsados por modelos desarrollistas.

En términos de superproducciones ambientales, recientemente podemos ver películas documentales como Home de Jean Arthus–Bertrand (2009), The Cave de Luise Psihoyos (2009), Earthlings de Shart Moson (2005), El mundo según Monsanto de Monique Robin (2008), Food inc de Robert Kenner (2008), Océanos de Jacques Perrin (2010), La hora 11 de Leila Conners (2006), Planeta de plástico de Werner Boots (2009), Earth de Alastair Fotherhill (2007), La era de la estupidez de Frankie Armstrong (2009), Gasland de Josh Fox (2010). Desde un despliegue técnico y artístico, compuesto en ocasiones por actores famosos como Leonardo de Caprio, Joaquin Phoenix o Keanu Reeves, han dado cuenta de ciertas problemáticas mundiales, como el deshielo de los polos, la industria de los alimentos o la biodiversidad animal y humana. Grandes festivales como el Sundance y en ocasiones el Academy Award (premios Oscar) los han acogido. Además, son ampliamente distribuidos por redes como Youtube y Vimeo.

Estas superproducciones, principalmente estadounidenses y europeas, poseen efectos relativos que tienen en la reflexión crítica su principal arma. Sin embargo, las propuestas de alternativas a la situación ambiental no dejan de ser enunciativas, sin acciones concretas, más allá de políticas generales. En conjunto constituyen un número gigantesco y se observan en varias de ellas pretensiones colonialistas. Son expresiones que se enmarcan en la reflexión, la información, la denuncia y las entrevistas a líderes, investigadores, afectados. Por otra parte, no han poseído grandes índices de sintonía,  debido quizás a su carácter crítico[1] y en ocasiones aterrador.

Desde el lado militante e independiente, destacan ciertas producciones que abordan las temáticas ambientales y comparten el objetivo de comunicar denuncia, reflexión y acción en la realidad social. Se pueden mencionar algunas producciones de distintos países, de entre un universo gigante, como La pesadilla de Darwin de Hubert Sauper (2004),  La guerra del fracking  de Fernando Pino Solanas (2012) y La voz del viento de Carlos Nadal (2013).

En Venezuela el tema ambiental ha sido abordado tímidamente  por documentales como Minas de diamantes de Joaquín Cortés (1968) y Diamantes de Ugo Ulive (1968). Ellos, hace ya casi 50 años, observan la cotidianidad del accionar miserable de los mineros caracterizada por el comercio ilegal y la forma de vida precaria. Desde un punto de vista más crítico es necesario mencionar la denuncia que en los años 80 y 90 hace Carlos Azpúrua en Caño Mánamo (1986) y El bosque silencioso (1993). En Caño Mánamo denuncia una propuesta desarrollista que tuvo por objetivo cerrar con un dique el principal caño del Delta del Orinoco y sus consecuencias nefastas en términos de sequías, inundaciones y hambrunas en todo el Alto Delta. El carácter develador de este documental se mantuvo en El bosque silencioso, censurado en su momento, en el que se revela el caos y la devastación ambiental de la extracción minera caracterizada por la explotación a cielo abierto, el uso del cianuro y el mercurio, y la inevitable consecuencia: la pertinaz contaminación de las aguas y  lechos de ríos como el Caura y el Caroní.

En el siglo XXI han surgido algunas propuestas que van entre la reflexión y la denuncia. Podemos resaltar, desde un punto de vista informativo y reflexivo, Venezuela Petroleum Company de Marc Villá (2007), una historia cultural de la agresiva explotación petrolera; la denuncia personal y creativa en el Delta del Orinoco de El río que nos atraviesa de Manuela Blanco (2013), el caso de la explotación del carbón en La sierra de Perijá que ha sido expuesto por documentales wayuu como La raíz de la resistencia de Nelson Montiel (2013) y reportajes como A cielo abierto  (2013) .

Existen poquísimas producciones venezolanas en comparación con la abundancia mundial que representan los documentales europeos y norteamericanos o los reflexivos y militantes, hechos por distintos actores de la región latinoamericana. ¿Por qué la escasez, la censura y poca difusión? ¿Por qué un país signado por la explotación petrolera y con tantos conflictos ambientales y energéticos ha sido representado por el documental en forma tan limitada? Son varias las consideraciones. Además de la represión y la pequeñísima actividad de cine ambiental documental, la principal razón de la escasa producción documental ambientalista es que en Venezuela existe un tabú creado sobre nuestro principal recurso energético y minero. El petróleo ha apartado las miradas, al punto de no reconocer una cosmovisión en la que nuestra idea de confort y felicidad está basada en el petróleo y sus derivados. Desde el pintalabios al lavaplatos, desde el televisor a partes constitutivas del iphone, se reproduce una cosmovisión que tiene al consumo como dios, que establece un modo de vida, con su toque y moda, con su día a día, con su sifrineo estéril y sus gigantescos lotes de basura. Producción fósil y consumo se alternan, crean un modo. Esta cosmovisión es precaria con respecto al equilibrio humano y se expresa en su lado más nefasto como ocultamiento de sus operaciones y represión.

Es un extraño oficio el de documentalista ambientalista quien desde un tratamiento crea la realidad, la enuncia como reflexión y denuncia, poniendo en riesgo privilegios e, incluso, su vida ante la institución o las mafias extractivistas.

Desde un punto de vista que podría ser más efectivo, en términos de difusión y convencimiento, se plantea al documental como una herramienta, no sólo de denuncia y contra información, evidentemente necesaria, sino también como una forma de apoyar, mediante su espacio psicológico de modelización, el accionar de nuevos paradigmas que den cuenta de sociedades y culturas no desarrollistas y consumistas. Es evidente la necesidad de aumentar la producción de ficciones, documentales y animaciones que den cuenta del tema ambiental. Ahora bien, este crecimiento sería posible en la medida en que sea apoyado por distintos sectores en especial públicos y auto gestionados.

Eso sí, el problema esencial se encuentra en la distribución del cine documental y los adversarios son muchos: desde un colosal despliegue de siete corporaciones que poseen el 97% de las señales mediáticas hasta las cadenas de distribución que sólo buscan la rentabilidad económica como objetivo. Las alternativas son experimentales: desde la ejecución de video foros y la generación de más cine clubs, hasta el aprovechamiento masivo de las redes electrónicas. Hay que inventar y crear.

A forma conclusiva se hace necesario en nuestra tierra, incrementar la producción y difusión de documentales de corte ambientalista que denuncien daños y propongan alternativas bien sean energéticas, alimenticias o de vivienda, que intenten ofrecer otra cosmovisión adecuada a un mundo más equilibrado y sin destrucción del hombre y la naturaleza. Un ojo sin niebla.

Fuentes consultadas

  • Cock, Alejandro. El documental ambiental. Universidad Pontificia Bolivariana. Facultad de Comunicación Social: Medellín, 1998.
  • Villá Marc. “Poder y cine documental en Venezuela”. En Memorias del Encuentro Nacional de Documentalistas. CNAC, La conjura audiovisual: Caracas, 2016.
  • [1] Cock, Alejandro. El documental ambiental.

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OEP Venezuela

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